Capítulo 37: Es tan irreal

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Ada abrió los ojos poco a poco, no fue una sorpresa darse cuenta de donde estaba, ella lo esperaba en el mejor de los casos.

La enfermera a su lado se aproximó hacía ella.

—Por favor no te levantes, llamaré a la doctora, espera un segundo.

La voz de la enfermera sonaba amortiguada por el cubrebocas, la mujer salió de la habitación dejando a Ada sola.

Una mujer joven en bata blanca con el cabello atado en un moño entró a la habitación.

—¿Cómo se siente, señora Walk?

—¿Cómo más podría sentirme?

La doctora sonrió ante su respuesta sin impacientarse.

—Quisiera saber si se encuentra en las condiciones para responder algunas preguntas, si se siente muy cansada podemos hablar en otro momento.

—Estoy bien— respondió Ada y lo decía en serio.— ¿Cuánto tiempo estuve inconsciente?

—Dos días desde su operación— respondió la doctora sentándose en el acolchado sofá junto a la cama de hospital.

La doctora miró al suelo con tristeza y luego a Ada de nuevo con lastima.

—Respecto al estado de su bebe...

—¿Cuáles eran las preguntas que quería hacerme?

La doctora se sorprendió por la interrupción y la frialdad de la actitud de la mujer en la cama pero decidió darle un poco de tiempo e ir a su propósito inicial.

—Las personas que la trajeron aquí afirman que fue usted misma la que se hizo daño, si fue alguien más quien intentó hacerle daño es un lugar seguro donde puede hablar y me encargaré de hacer las respectivas denuncias.

Ada sonrió sin alegría. Todo el mundo creía que con solo denunciar las cosas se resolverían, como si la maldita policía fuese a hacer algo por ella.

Así como lo hicieron por su madre cuando solo le dieron carpetazo a su caso y dejaron que Derek Walk siguiera su vida sin ningún problema.

—Nadie me hizo daño, yo me enterré el cuchillo de cocina por mi propia voluntad.

La doctora que no pareció sorprendida por su respuesta solo asintió con una expresión neutral.

—En ese caso me gustaría recomendarle que asista a nuestro centro de ayuda psiquiátrica que se encuentra en el piso inferior de este mismo hospital, tan pronto como su situación mejore yo puedo recomendarla para...

—No gracias— dijo Ada de forma cortante. Miró a la enfermera que parecía realmente interesada por su conversación.— ¿podría hablar con usted a solas un momento, doctora?

La doctora abrió los ojos por la inesperada petición, miró entonces a la enfermera dandole una señal para que se retirara.

Cuando la enfermera cerró la puerta tras de si la doctora se volvió hacía Ada.

—¿Qué quería decirme, señora Walk?

—Debes irte a casa.

Nicol puso todo su peso hacía abajo para evitar que Azael tirara de ella fuera del asiento de la sala de espera de hospital.

—No, quiero saber como se encuentra Ada antes de irme.

—No sabemos cuando recuperará la conciencia, Nicol. Tu embarazo es delicado, no seas terca.

Nicol se aferró a los posa brazos del asiento frío y metálico para evitar ser movida. Azael suspiró con casación y por un momento pareció que realmente se había rendido, de pronto se inclinó y tomando a Nicol con la guardia baja la levantó en brazos.

Ada WalkHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora