Ojos que ven, amenazas que se sienten

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Era un miércoles por la mañana, a eso de las diez, de un mes de septiembre.

En todo ese tiempo, Roxanne había estado ayudando a algunos fantasmas a cruzar al mundo de los muertos, resolviendo inconformidades como una herencia pendiente, un reencuentro con un estudiante o incluso el mismo temor de pasar a mejor vida, todo bajo la guía del maestro Salazar.  Aquel hombre había muerto hace treinta años (ella incluso recordaba esa noticia pero a penas y llegó a hablar con el caballero), debido a un accidente en la sala de calderas bajo el internado, y tras observar que sus primos podían verlo decidió quedarse y ayudarles con otras almas en pena.

Volviendo con la historia, aquel día había llegado un joven, aparentemente del extranjero, estaba en la oficina del director esperando a ser atendido, observando el lugar con atención; desde su llegada estuvo buscando algún estudiante que recordara, más no había ni un rastro de algo que le llamara la atención, fueron pocas veces las que había estado en la isla o las que había paseado por el internado, pero bien que había conocido a los que buscaba. Observando la oficina, vio de repente una zapisi, una que podía reconocer sin problema alguno.

—Entonces aquí aún borran la memoria con papeles —susurró para sí mismo.

De repente entra el director, junto a unos documentos en mano y acompañado de una silueta humana, un hombre de porte elegante y de apariencia albina cuyo fleco oculta una cicatriz en la frente.

—Todo listo entonces —decía el director—. Solo para aclarar, aquí en Almawtu tenemos algunos talleres de hechicería e investigación paranormal, aunque aparentemente suelen ocurrir eventos inexplicables.

—No se preocupe por ello —respondió el joven tranquilo tras un gesto de su sordomudo "padre".

—Bien, entonces —dijo mientras le entregaba un horario—. Bienvenido al internado Almawtu, joven Holloway.

—Muchas gracias director.

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Roxanne leía un libro en el salón  antes de la clase, Simon le había conseguido uno en fin de semana ya que ella aseguraba haber leído todos y cada uno de los de la biblioteca escolar, y curiosamente ya llevaba una cuarta parte de éste.

—Eres la primer ratón de biblioteca que tengo por amiga —sonreía el joven, pero la chica no apartaba la vista del libro—. Es curioso que leas este con una fascinación. Te he visto leer otra clase de literatura, pero juraría que el que tienes realmente te enamoró.

—¿Eh? —respondió la joven sonrojada.

—Intentaré conseguir libros para ti, se nota que vives en demasiada rutina.

—Oh, lo siento, pero es... Este libro es realmente interesante, es diferente a la fantasía que solía leer de pequeña. Tengo libros en casa, y nadie ha adquirido uno nuevo hace años, esto... —se interrumpió al creer que había dicho demasiado.

—¿Siquiera escuchan música en tu casa?

—Nada fuera de las orquestas familiares, mi abuelo toca una gaita, mis tíos son más de percusión y mis primos de flautas. Es como... Uhm...

—¿El sonido del bosque?

—Al menos el bosque tiene grillos y búhos.

Sonó la campana y todos volvieron a sus lugares, y Roxanne volvió a leer el libro, aislándose de la realidad de nuevo; la maestra entró seguida por un joven de cabellera castaña y rizada, las alumnas pronto empezaron a murmurar por su atractivo, mientras que los compañeros, con cierta envidia, lo miraban sin mucha importancia.

Afterlife AcademyHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora