Ella me torturaba tres días a la semana con esos ojazos color miel, con sus provocadores labios carmesí, con sus preciosas piernas largas y perfectas, con la voz más sensual, y la sonrisa más coqueta que había visto en mi vida. Skylar Ford era la te...
Le agradecí el desayuno a Perlita y me despedí de ella con una sonrisa. La ama de llaves que me había visto crecer y ya era parte de la familia me alcanzó mi almuerzo, mi botella con agua fresca y me deseó un buen día.
Por un lado, estaba aliviada de que sea viernes y mañana pudiese descansar de las clases. Por el otro, no quería encontrarme con el profesor Styles. Nuestra despedida del miércoles no fue la mejor. Sobre todo por la manera en que le confesé mis sentimientos, le ofrecí mi amistad de nuevo y él la rechazó y humilló.
A veces sentía que todo esto ya no valía la pena, que Harry realmente solo me veía para el sexo y pasar un buen rato y, aunque eso era excitante, no era todo lo que quería de él. Sin embargo, estaba burlándome de mí misma también porque justo ayer me encontré en la bañera tocándome y pensando en él. Si yo no me entendía, no esperaba que Harry lo hiciera.
—¡Skylar! —El llamado de mamá llegó a mis oídos antes de que pudiese cerrar la puerta de mi casa.
Me giré hacia mamá. Estaba ya con su uniforme de doctora, apunto de salir al trabajo.
—Hola, mami.
—Sky, ayer no te avisé porque era muy tarde... —mamá dijo—, pero hoy es cumpleaños de Harry, tu compañero de baile. La señora Styles nos han invitado a una cena, ya sabes, como agradecimiento por la operación al señor Jordi, pero tu papá y yo no podemos esta noche... ¿será que puedes ir con tu hermana? No quiero quedar mal con ellos y la familia...
¿La mamá de Harry invitó a mi familia? Es decir, Harry no lo hizo...
—No sé... —Arrastré con una mueca.
—¿Acaso Harry no te gustaba? ¿O ya tienes planes de salir con él?
Ya quisiera...
—No, no...
—¿Entonces sí puedes ir? Es como a las ocho de la noche. Le diré a Angelina que te acompañe.
Mi lado vengativo me decía que vaya para joder a Harry con la excusa de: "tu familia me invitó, por eso vine". Pero el otro lado sentimental me decía: "él no te quiere ahí. Vas a ponerlo incómodo y tú te sentirás mal".
—Sí iré —acepté.
Qué ingenua.
—Gracias, Sky —mamá suspiró—. OK, maneja con cuidado. Ten un buen día.
Mamá dejó un beso en mi frente como despedida y yo salí de casa hacia mi camioneta. El clima nublado de las siete y cincuenta de la mañana no ayudó a ponerme de buen humor. Me subí con un resoplido y antes de empezar a conducir revisé mi celular. Había un mensaje de Zack:
"Buenos días, mi bailarina favorita. Hoy no iré a clases, tengo algo de fiebre y me duele el cuerpo, creo que voy a morir. No sé si quisieras venir mañana a mi casa en lugar de salir al zoológico. Podemos hacer algo aquí, solo no estoy con ánimos de salir. Espero que tengas un buen día y puedas bailar sola el tango más tarde. Te mando un beso donde más te convenga, preciosa."
Mierda, me había olvidado que teníamos una cita mañana. Y doble mierda, Zack estaba enfermo. Y ¡triple mierda! Qué estúpida me sentía sonriéndole a la pantalla por su mensaje y coquetería.
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