60. Honeymoon

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Harry's POV:

Nevada

El sol ya estaba alto en el cielo cuando alcanzamos la mitad del sendero Calico Tanks. El paisaje me recordaba por qué había amado tanto la aventura antes de perder a Regina. Las formaciones rocosas en tonos rojizos y anaranjados contra el azul intenso del cielo creaban un contraste casi mítico.

—¡Por favor, dime que ya casi llegamos! —suplicó Skylar, dejándose caer dramáticamente sobre una roca plana. Su rostro estaba rojísimo por el esfuerzo y pequeñas gotas de sudor perlaban su frente—. ¿Qué clase de luna de miel es esta? ¿Tortura patrocinada?

Reí, ofreciéndole mi botella de agua mientras ella me miraba con falso resentimiento.

—¿No se supone que eres una bailarina profesional? —bromeé—. Pensé que tendrías mejor resistencia.

—Bailar es muy diferente a escalar el infierno en la tierra —protestó después de beber casi la mitad de mi agua—. Además, no todos pasamos nuestra adolescencia escalando montañas como monos salvajes.

—¿Mono salvaje? —fingí indignación—. Prefiero el término "explorador intrépido", muchas gracias.

Skylar soltó una carcajada que resonó entre las rocas, provocando que un pequeño lagarto que descansaba cerca saliera corriendo.

—Mira, hasta asustas a la fauna local con esa risa —señalé, extendiéndole mi mano para ayudarla a levantarse—. Vamos, te prometo que la vista desde arriba vale cada gota de sudor.

—Más te vale, Styles —gruñó, pero tomó mi mano sin protestar más.

Continuamos ascendiendo, con Skylar quejándose teatralmente cada pocos minutos, aunque podía ver en sus ojos que estaba disfrutando del desafío tanto como yo. Cuando finalmente alcanzamos una amplia explanada desde donde el valle se extendía ante nosotros como una pintura imposible, su expresión de asombro fue toda la recompensa que necesitaba.

—Guau... tenías razón —admitió en un susurro—. Esto es increíble.

La abracé por detrás, apoyando mi mentón en su hombro mientras ambos contemplábamos el paisaje.

—Venía a lugares como este con Regina —dije en voz baja—. Claro, por allá en Inglaterra...

Skylar apretó mis brazos que la rodeaban.

—¿Extrañas hacerlo? —preguntó con suavidad.

—Todos los días —confesé—. Pero durante mucho tiempo no podía volver a estos lugares sin ella.

—Y sin embargo, me has traído aquí —observó Skylar, girándose para mirarme a los ojos.

—Porque contigo, estoy aprendiendo a transformar el dolor en algo diferente —respondí, sorprendido por la verdad en mis propias palabras—. A recordarla sin que duela tanto.

Skylar me estudió por un momento, con esa mirada penetrante que siempre parecía ver más allá de mis defensas.

—Pues siento decirte que has elegido a la peor compañera de escalada posible —bromeó finalmente, rompiendo la intensidad del momento—. Si muero aquí arriba, vendré a jalarte los pies todas las noches por el resto de tu vida.

Reí, agradecido por su capacidad para equilibrar los momentos serios con humor.

—No se preocupes, señora Styles. Te prometí "en la salud y en la enfermedad", no mencioné nada sobre "en la cumbre y en el precipicio", pero supongo que también aplica.

Nos sentamos sobre una roca plana, contemplando el vasto paisaje mientras compartíamos los sándwiches y frutas que había empacado. El silencio entre nosotros era cómodo, interrumpido solo por el ocasional comentario sobre alguna formación rocosa particularmente impresionante o el vuelo de un águila a lo lejos.

Dirty DancingDonde viven las historias. Descúbrelo ahora