24. Ojos Hambrientos

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Harry's POV:

Cuando me levanté el sábado casi al medio día recordé por qué había dejado de tomar hace meses.

Tenía recuerdos borrosos de lo ocurrido el viernes con Skylar. Imágenes en mi cabeza de los dos bailando, tomando, besándola y luego llorando como un imbécil en sus brazos. Le había contado lo ocurrido con Regina, tema que no he tocado desde hace casi un año, la última vez que lo hablé con mamá. 

El alcohol y su cariño no fueron buena combinación. Me sentí muy vulnerable y en confianza, no pude controlar mi boca... ni mi corazón. Hay algo en la manera en que me mira y me acaricia que me hizo rendirme ante ella. En el momento se sintió liberador e incluso me sentí cuidado... pero ahora me sentía ridículo.

No me gustaba que me haya visto tan bajo, tan débil. Luego de haber llorado en su hombro, sentí una necesidad de amor con urgencia. Skylar estaba ahí y dispuesta a dármelo, así que tomé la oportunidad. Dejé que me haga sentir mejor, que me haga olvidar y que tomara el control de la situación por unas horas. Estaba cansado, solo quería que alguien cuide de mí por un rato.

En la madrugada del sábado, Skylar me dejó en mi casa, en el sofá. Me quitó los zapatos puestos y desabrochó mi pantalón antes de acostarme. Cuando me levanté en la mañana, había un vaso de agua en la mesita de centro de la sala y mi celular al lado. No dudé de que esos detalles para mi comodidad habían sido pensados y ejecutados por Skylar.

Lo que me hizo saber que la había jodido con ella fue cuando tomé mi celular y vi su mensaje enviado casi a las tres de la mañana:

"Estoy bien, ya llegué a casa. Debes estar dormido, pero supongo que en la mañana querrás leer esto. Me la pasé genial hoy, espero que tú igual. Feliz cumpleaños:) Buen fin de semana. X"

Las cosas entre nosotros, según ella, ahora cambiarían. Ahora yo le mostraría mis secretos y sería diferente a su lado... no podía. Era jodidamente incómodo ser así incluso con mis padres, ¿que lo haga con Skylar? Imposible. Las cosas ya no son como antes, yo no soy como antes. En el momento que Regina se fue, con ella se esfumó ese brillo que me caracterizaba y no creía que sea capaz de recuperarlo.

Skylar lucía diferente hoy lunes; tenía otra energía. Era de esperarse. Cuando sonó la campana de cambio de clases, ella llegó a mi oficina con una sonrisa de oreja a oreja y un pastelito rosado en la mano.

—Te traje esto para endulzarte el día —me dijo.

—Sí, buenas tardes, señorita Ford.

—¿Cómo la pasaste este fin de semana?

La niña se sentó en la silla frente a mi escritorio. Me estremecí de la incomodidad. Las cosas estaban cambiando y no me agradaba. No me gustaba darle esa confianza, que conozca tanto de mí, que tenga tanto poder. Daba miedo.

—Corrigiendo tareas de mis otras clases —contesté—. ¿Y tú? ¿Estuviste con el delicuente?

—Iba a ir a ver a Zack el sábado, pero me llamó antes de que fuese. Está con influenza, por cierto, por eso no pudo venir a clase hoy, pero el miércoles regresa; ya está casi mejor.

Bajé la mirada a mi laptop y fingí mover unas cosas con mi mouse aunque tenía todos los archivos cerrados. Así, con la pantalla en blanco y mi ceño fruncido, le respondí:

—Eso te perjudica. Ya vas dos clases sin pareja para el tango.

Skylar jugueteó con sus dedos sobre el escritorio.

—¿Y si lo reemplazas?

Regresé mis ojos a los suyos.

—¿Bailar tango contigo en clase, frente a los demás alumnos? ¿Quieres que me demanden?

Dirty DancingDonde viven las historias. Descúbrelo ahora