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Sofía

Iba saliendo del baño, después de mojarme la cara ya que me había comenzando a sentir un poco mal en la sala. Supongo que me voy a resfriar.

Pero lamentablemente tenía que volver a clases, así que comencé a caminar hasta que una voz me detuvo.

—¿Saltándote las clades antipática? —de tan solo escuchar ese apodo sabía de quien se trataba.

Me giré lentamente en su dirección y ahí estaba el insoportable. Parado frente a mi con su sonrisa burlesca.

—Déjame tranquila —fue lo único que logré decir.

Mi cabeza me retumbaba.

—¿Por que estás afuera? —preguntó.

—Por nada que te pueda interesar.

—Andamos simpática hoy día, algo supeeer normal en ti.

¿Porque no se callaba un rato?

Trate de ignorar y avance, pero la fuerte puntada en mi cabeza me detuvo.

—¿Estai bien? —sentí su mano en mi brazo manteniéndome firme.

Me quede callada unos segundos tratando de recuperarme.

—No mucho... —murmure sin ánimos.

Sentí la mirada del Amaro sobre mi.

—Ven, te llevaré a inspectoría para llamen a tu casa o algo —vi como hizo el intento de avanzar pero me solté de su agarre.

—Yo puedo ir sola —solté algo cortante.

Lo escuché soltar un suspiro.

—¿Ni enferma dejas de pelear?

—No estoy peleando, simplemente no quiero tu ayuda.

Vi como se pasó una mano frustrado por la cara, pero finalmente algo una risita.

—Pensé que ya estaba todo bien entre nosotros. ¿Ahora que te pico? —se cruzó de brazos.

—Nada.

—Antipática no seas cabra chica y déjame ayudarte —me miro serio.

Lo mire un instante y suspire antes de aceptar.

—Está bien oh, llévame.

Sentí de nuevo se agarre en mi brazo mientras me ayudaba.

—Orgullosa —mencionó a lo bajo mientras llegábamos a las escaleras.

—Si dices una palabra más te tiro de acá —amenace haciendo que este se riera.

La verdad ya no me caía taaan mal el Amaro, no como al principio, pero la idea de estar con el ahora que me sentía mal y mi cabeza no paraba de doler, no me parecía mucho.

Cuando llegamos a la inspectoría me dejo sentada en una de las bancas que se encontraban afuera de esta y vi como golpeó la puerta. Y después de unos cortos minutos salió junto a la inspectora.

—Señorita López. ¿Que le pasó? —preguntó con tono de preocupación.

—No... me siento muy bien, me duele mucho la cabeza.

—Voy a llamar a su apoderado, espéreme acá —hizo una pausa y se giró hacia el Amaro—. Y usted Rodríguez quédese con ella por favor.

Le ordenó al Amaro y entró antes de que el Amaro pudiera contestarle.

—Como usted diga mi reina —hizo una reverencia y no pude evitar reírme.

¿Porque era tan ahueonao?

¿Otra vez tú? Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora