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Sofía

Iba camino a la casa de la Fran, hoy día era viernes y los chiquillos iban hacer algo, dijeron que sería algo piola entre nosotros así que por eso acepté venir.

—¿Sofi te quedarás donde la Fran? —me pregunto mi papá mientras manejaba.

—No lo se papá —conteste.

—Bueno, si te quieres venir me llamas y te vengo a buscar, da lo mismo la hora —me dio una sonrisa rápida.

Noté que ya habíamos llegado a la casa de la Fran, así que el auto se detuvo.

—Bueno papá, gracias —le sonreí.

—Ya anda y pásalo bien, cuídate, te amo —me dio un beso en la frente.

Una vez que se alejó de mi le di una sonrisa.

—Yo igual te amo papá —me baje del auto.

Noté como el auto de mi papá comenzó alejarse, así que toque el timbre esperando a que esta hueona sorda me escuchara y cuando vi la puerta abriese me sorprendí al ver al Mateo.

—¡Mateo, hola! —lo salude feliz con un beso en la mejilla—. No sabía que ibas a venir.

—Estaba aburrido y está hueon ame contó que iban hacer algo, así que acá estoy —me sonrió.

Cuando entre no había nadie más en la casa, se escuchaba algo de música pero baja y no veo a mi amiga por ningún lado.

—¿Y la Fran? —pregunté.

—Está arriba, arreglándose —el Mateo cerró la puerta e inmediatamente de escucharon pasos bajar por la escalera.

—¡Llegaste zorritaa! —apenas me vio se tiro sobre mi para abrazarme.

Mientras me abrazaba sentía que me estaba asfixiando.

¿Porque está hueona tenía que ser tan bruta?

—Fran... me-me ahogas —mencione apenas e inmediatamente mi amiga de separo de mi.

—¡Ay! Lo siento —hizo una mueca—. ¿Tus papás no dijeron nada?

Negué con la cabeza.

—Si sabes que siempre me dicen que si a todo lo que sea contigo.

Me guiño el ojo.

—Es porque me aman.

—Claro —rode los ojos.

La escuché soltar una risa.

—Los chiquillos me avisaron que estaban por llegar, así qué hay que esperarlos no más —levantó los hombros algo indiferente.

—Ah ya, buena —sonreí y me fui a sentar al sillón.

Después de un rato esperando aún sentada en el sillon, bueno... mejor dicho, estaba echada viendo tele, mientras que el Mateo ayudaba a la Fran a sacar buscar por algún lado de la cocina los vasos que según ella no alcanzaba, aunque sabíamos que no lo quería hacer por flojera.

—Yo se que me mandaste a mi a sacar los vasos culiaos porque a vo te da flojera —hablo el Mateo mientras salía de la cocina con los vasos.

Mi amiga lo miró indignada de inmediato.

—Como se te ocurre amiguito precios... —la interrumpió el sonido del timbre—. Sofi... ¿Puedes abrir porfis?

—Bueno —me paré del cómodo lugar de donde estaba y fui abrir la puerta.

Cuando abrí está me encontré con un Matías muy feliz, quien traía puras cosas para comer en las manos.

¿Otra vez tú? Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora