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Sofía

—¿Hablaste con el Mateo al final? —le pregunté a la Fran mientras nos acercábamos a la sala.

Vi como se tocó la cabeza y eso me indicó que no.

—Se me fue hueon, pero ahora lo haré —apuntaba con la cabeza en dirección al Mateo, quien se encontraba sentado en su puesto.

—¿Estai segura? —pregunté dudosa.

—Si, tu ven no más —entro a la sala a lo que yo la seguí.

—Hola —habló la Fran mientras se sentaba en su puesto.

—Hola chiquillas —sonaba un poco desanimado.

Yo mientras dejé la mochila en la mesa y me senté.

—Queríamos hablar contigo.

—Si obvio, díganme.

—¿El otro día te enojaste? Cuando íbamos a salir con los chiquillos —le preguntó la Fran.

El nos quedó mirando unos segundos hasta que decidió hablar.

Lo escuchamos soltar un suspiro.

—La verdad no, no tengo razón para enojarme —nos miró —. Solo que ese día no me sentía tan bien y por eso me puse así, se que tampoco debería porque desquitarme con ustedes, ya que no tienen la culpa. Discúlpenme.

Nos miró a las dos algo avergonzado.

—Tranqui Mateo, yo entiendo, pero si para la otra te sientes mal o algo, simple dinos, porque nosotras tampoco somos adivinas —le hablo la Fran.

—¿Ahora estás mejor? Preguntó porque igual te notas algo desanimado ahora —le pregunté.

—Si, tranqui, estoy bien. Gracias por preocuparte —me sonrió—. Solamente estoy cagao de sueño.

—Te creo —le devolví la sonrisa.

—Te extrañe este fin de semana culiao, te iba a mandar un meme pero después me acorde que estaba enojada con vo —hablo a mi lado al Fran.

—Siempre así lo mismo —soltó una risa el Mateo—. Pero yo igual te extrañe oh, bueno... a las dos.

La Fran se inclino un poco hacia donde el Mateo y con uno de sus brazos me atrajo hacia donde ella.

—Yaaa abrazo —nos apretó a los fuertemente, donde no aguante mucho.

—Fran me estás ahogando —hable mientras me reía.

—Perdón, me pase —nos soltó a los dos.

—Un poquito —me arregle el pelo.

—¿Hagamos algo hoy? —preguntó la Fran con una sonrisa.

—No puedo, tengo que hacer —se excusó el Mateo—. Pero si quieren puede ser otro día.

—¿Que cosas? —preguntó la Fran—. Nada puede ser más importante que nosotras dos culiao.

—¿Quien te dijo que eras importante? —levantó una ceja mientras se cruzaba de brazos.

—Oh sapo culiao, eri como las hueas —le dijo la Fran enojada.

—Era una bromita hueona— comenzó a cagarse de la risa, haciendo que la Fran se enojara más.

—No es gracioso —le tiro su estuche—. No me hables más.

Tan ataosa mi amiga.

El Mateo trató de cubrirse la cara evitando que no le llegara tan fuerte, pero la mala puntería de mi amiga ni siquiera lo logró rozar.

¿Otra vez tú? Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora