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Sofía

Iba camino hacia mi sala, hasta que veo al Benja bajar las escaleras rápidamente.

—¡Sofi, hola! Justo quería hablar contigo —soltó rápido una vez que estuvo frente a mi.

—Oh, hola Benja y si obvio, dime.

—Bueno a ver... es que... —balbuceó algo nervioso hasta que suspiro—. Le quiero pedir pololeo a la Fran y quería saber si me puedes ayudar.

No pude evitar sonreír.

—Obvio que si. ¿Que tienes pensado?

—Eh... bueno, pensaba hacerle una sorpresa en su pieza, o sea decorarle y todo eso —explicó—. Entonces necesitaría tu ayuda para poder ir a comprar y también paga distraerla ese día.

—Ya bacan, yo te ayudo —hice una pausa—. Y... ¿Cuando lo tienes pensado hacer?

—Pensaba en hacerlo el viernes.

—¿Entonces podríamos ir a comprar el jueves? —pregunté.

—Si, después de clases. ¿Puedes? —preguntó.

—Si, si puedo.

—Ya bacan, gracias Sofi de verdad —mencionó con una sonrisa.

—De nada —le sonreí—. Me tengo que ir a la sala, pero después nos ponemos de acuerdo con todo.

—Sisi, después vemos todo eso.

Me despedí del Benja y comencé a caminar hacia mi sala, si esperaba que el profe no me retara por haberme demorado mucho.

Cuando estaba apunto de llegar a la sala una voz hizo que me asustara.

—Antipática parece que se te pegaron las costumbres de andar saliéndote de las clases —con tal solo escuchar ese apodo sabía de quien se trataba.

Me di vuelta y lo encontré apoyado en la pared mirándome divertido.

—Claramente de ti se me pego.

Me miró ofendido.

—¿Pero como? Si yo soy un estudiante ejemplar, me porto súper bien y saltarme mas clases es algo que jamaaas haría —coloco una mano en su pecho.

—Si claro —solté una risa.

Lo escuché reírse antes de volver hablar.

—¿Que hablabas con el Benja? —preguntó.

—¿Me estabas espiando Amarito? —lo mire divertida.

—A ver dilo otra vez, es que suena bonito —dijo con una sonrisa—. Y no, solo me los tope.

—Si tú lo dices —rode los ojos.

—¿Te contó sobre lo de la Fran?

—Ah si, de eso estábamos hablando.

—¿Nos ayudarás?

—¿Nos? ¿Tu también lo ayudarás?

—Obvio —me miró divertido.

—Mmm... creo que me voy a echar para atrás, la verdad es que no me agrada la idea de estar contigo —fingí una cara de desagrado.

El me miro ofendido mientras se colocaba una mano en su pecho, pero inmediatamente volvió con su sonrisa burlesca.

—Mentirosa, se que te gusta estar conmigo, admítelo.

—¿Quien te dijo esa mentira?

Se cruzó de brazos.

¿Otra vez tú? Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora