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Sofia

¿Tu enseñándole matemáticas al Amaro? —preguntó la Fran confundida.

—Si. ¿Que tiene?

—Ehh... empecemos porque eres la persona que menos paciencia tiene en el mundo y segundo, el Amaro saca de quicio a cualquiera. Esas dos cosas juntas no creo que funcionen —explicó.

—¿Disculpa? Yo si tengo paciencia, que no la tenga contigo no significa que no la tenga para otras cosas —la mire obvia.

Vi como me miró mal.

—Que feo, conmigo deberías tener más paciencia que con el resto —corrió la mirada hacia al frente—. Profe ya estamos en la hora po.

Le mostró su celu indicando la hora.

—Esta bien, pueden retirarse —habló el profe un poco molesto.

La Fran no se demoró ni un segundo en salir hecha un peo de la sala.

—Shh... gracias por esperarme hueona —me queje una vez que estuve afuera de la sala.

—Perdóname mi vida —me lanzo un beso—. Bueno yo ya me voy, llego mi hombre.

Vi como el Benja junto al Amaro se acercaban hacia nosotras.

—Los compadezco —mencionó la Fran divertida mientras tomaba la mano del Benja.

—¿Por que? —preguntó confundido el Amaro.

—Porque ella no tiene mucha paciencia —me señaló—. Y bueno, tú eres muy hincha hueas, pero si te llega a molestar mucho yo que tú lo tiro por las escaleras de tu casa Sofi.

Con el Benja soltamos una risa.

—Chistosa —murmuró el Amaro.

La Fran le hizo una mueca y solamente avanzó junto con el Benja, alejándose de nosotros.

—¿Vamos? —pregunté.

—Vamos —me sonrió—. Así que... no tienes muchas paciencia, bueno la verdad ya me había dado cuenta de eso —soltó una risa.

—Mejor camina o si no olvídate que te ayudaré Amaro —comencé a caminar.

—Ya perdón antipática —siguió riéndose mientras llegaba a mi lado.

El camino hacia mi casa fue tranquilo, estuvimos conversando de cualquier cosa y tuve que escuchar una que otra hueaita molesta del Amaro, aunque ya me estaba acostumbrando a su humor.

Una vez que estuvimos fuera de mi casa el Amaro se detuvo para hablar.

—¿Quien esta en tu casa? —preguntó algo nervioso.

—Mi mamá, supongo que por la hora mi hermano aún debe estar en el liceo y... mi papá llega más tarde, así que tranquilo —comente.

—¿Tranquilo? Lo estoy siempre, yo sé que tu mamá me va amar —menciono con una sonrisa orgullosa—. Todos lo hacen, hasta tu.

Me reí y lo mire obviamente antes de hablar.

—Eso es lo que tú crees—mencione antes de abrir la puerta a mi casa.

—¿Que estás queriendo decir antipa...

—Mamá ya llegue —lo interrumpí.

—¡Oh hola hija! —saludo mientras salía de cocina, venía con esa sonrisa de siempre—. Tu debes ser Amaro. ¿Cierto?

—Si, ese soy yo —le sonrió—. Mucho gusto.

—El gusto es mío hijo —le sonrió mi mamá muy contenta—. ¿Quieren comer algo?

¿Otra vez tú? Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora