Emergiendo respuestas y misterios

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El rostro de Sigma bajó la mirada hacia X. El reploide azul se dio cuenta que su antiguo comandante ya no estaba realmente presente frente a él, sino que se trataba de una imagen proyectada. Pero dicha imagen de alguna manera logró acabar con Spark Mandrill justo frente a él. ¡Imposible, pero acababa de ocurrir frente a sus ojos!

– Hm, vaya despliegue de lealtad. Probablemente planeaba entregarse para salvarse a sí mismo. – murmuró en voz alta el holograma, observando con sus ojos azules el cuerpo caído de Mandrill. Luego desvió su atención hacia su antiguo subordinado. – Ha pasado un tiempo, ¿no, X?

La boca de X colgaba abierta, con sus ojos verdes de par en par observando la imagen semitransparente del Hunter convertido en Maverick. A diferencia de antes, Sigma llevaba una elaborada capa roja que se arrastraba por el suelo, unas hombreras muy anchas, y lo más sobresaliente de todo, dos líneas de color violeta atravesaban verticalmente la cara del reploide. Eran muy irregulares, y parecía como si dichas marcas hubiesen sido hechas a mano. ¿Acaso Sigma había mutilado su propio rostro?

– S-Sigma... – tartamudeó X, sintiéndose como un tonto, pero no tenía ni idea de qué debería decir. – ¿Realmente es usted, señor?

El holograma más alto sonrió. – Incluso después de todo este tiempo, te refieres a mí como señor. Qué gracioso, considerando que, acorde con Zero, ahora no soy más que un horrible criminal. – se rio, y luego cerró sus ojos por un momento. – Más gracioso todavía, considerando que Fujiwara contaba con que él fuese uno de nuestros ejecutores.

– ¿Qué? – preguntó X, perplejo.

– Oh sí. La Operación: Día de la Independencia ya estaba en curso desde mucho antes de lo que imaginas. – respondió Sigma. – Aunque, si realmente necesitas saberlo, la propuesta originalmente vino del propio Fujiwara.

– Un momento. – dijo el Hunter más pequeño. – ¡¿El Dr. Fujiwara planeó todo esto?!

– Bueno, no exactamente. – respondió Sigma. – Cierto, siempre tuvo ambiciones que se extendían más allá del reconocimiento del mundo, pero cuando se trataba de nuestra especie, parecía que sólo estaba más interesado en usarnos para sus propios fines. Especialmente cuando llegó la hora de tomar el control de la isla.

X se quedó en silencio por unos momentos. – ¿Fue... por eso que lo mataste?

– En parte. – respondió Sigma. – La verdad es que, incluso si lo hubiera prometido, jamás nos habría dado la igualdad.

– ¿Igualdad? – preguntó X. – Cometer un asesinato, romper la primera ley, ¿llamas a eso un paso hacia la igualdad? Eso... eso no es más que...

– ¿No es más que qué, X?

X volvió a quedarse en silencio, inseguro de cómo responder. Al final, su respuesta sería infantil y simple, pero al menos honesta.

– Maldad... – dijo el Hunter azul finalmente. – No es más que pura maldad.

Calles de Abel City...

– "¡Al fin!" – pensó Firefly cuando divisó una aglomeración de mecaniloides en la distancia, todos atacando a un único objetivo. Al fin había encontrado a Zero, y al parecer llegó justo en el mejor momento. Aunque el motociclista no dudaba de las habilidades de su nuevo comandante, el Hunter rojo parecía estar un poco abrumado.

Bajándose de su Ride Chaser, Firefly preparó su blaster y planeaba acercarse, pero en el último momento, recordó el prototipo que Chiyo le había dado. Se preguntó: ¿debería molestarse en llevarlo? Parecía funcional, ¿pero le haría algún bien comparado a su blaster? O más todavía, ¿el buster de Zero?

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