Pequeños detalles

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La densidad del agua que caía fluidamente, corriendo desde el costado de la montaña, le hizo preguntarse cómo iba a pasar por aquí, aunque al dar unos cuantos pasos más, X fue testigo de cómo la aparentemente impenetrable barrera cristalina se abría en el centro, abriéndose como un par de cortinas corriéndose para dar la bienvenida a un invitado de honor. Por supuesto, dado el repentino estallido de luz que inmediatamente golpeó sus receptores ópticos, X se encontró que se había perdido de observar el mundo exterior desde que llegó a la mina por primera vez.

Y efectivamente, la vista que tenía frente a él era un completo contraste con los corredores confinados y aparentemente interminables, con escasa iluminación y escondidos en las profundidades de la tierra. El área que aguardaba más allá de lo que esencialmente era una cámara de batalla parecía ser la completa antítesis del resto, y el reploide azul se sorprendió de lo que vio. La sensación de rayos ultravioletas cayendo sobre su cuerpo metálico y absorbiendo el calor de la radiación le sirvió como una distracción momentánea al Hunter de ojos verdes, junto con el ligero pero gentil toque de la brisa en esa locación tan alta. A diferencia de la Región Polar, el mundo fuera de las Minas de Zalts estaba libre del intenso frío y los potenciales efectos adversos a los sistemas de una máquina, de estar expuestos de manera prolongada a los elementos. Ciertamente, la tierra no estaba precisamente llena de vida ni tampoco era una especie de paraíso de flora y fauna, pero había una presencia distintiva de vida aquí, con pequeños parches de vegetación brotando cerca de la cascada, y la imagen bastante pintoresca del sol de mediodía sobre las montañas era un bono adicional.

Sin embargo, X sabía que no podía quedarse.

– ¿Hm?

Una pequeña presión en un lado de su bota le indicó que no se encontraba solo, pero lo que acababa de hacer contacto con él estaba muy lejos de ser peligroso.

Al contrario, dándose cuenta de qué se había aproximado a él, X se percató de que la máquina más pequeña lo había reconocido. El Met que lo había reparado antes de su subsiguiente duelo contra Armadillo lo estaba mirando con unos enormes ojos azules, una cara circular y oscura, contrastando con su casco protector brillante y amarillo.

X estaba a punto de hablar, pero el pequeño androide en miniatura de pronto adoptó un resplandor dorado, y un rayo de energía electrificada salió disparado de sus prominentes labios amarillos, golpeando a la máquina más alta directo en el núcleo. Aunque por un momento le produjo una sensación hormigueante, X se dio cuenta de que no le causó dolor, sino tal vez cierto cosquilleo. Tras unos momentos, la luz se apagó, y el reploide se dio cuenta que su coraza externa estaba totalmente reparada.

– Oh, así que por eso estabas aquí. – dijo X al darse cuenta, dirigiendo su atención hacia el Met. Hizo una ligera pausa, mordiéndose el labio, y giró la mirada por un momento. – Armadillo... gracias.

El Met pareció ni siquiera reconocer a quién le estaba dando las gracias, ya que le hizo un gesto señalando hacia adelante, indicando que lo que realmente le interesaba a X estaba más allá. Ante él se abría pequeño camino de roca endurecida, que apenas era tocada y rozada por algunos parches de verde debido a plantas que florecían o algo de musgo suave, y una forma distante que apenas acababa de ver al final de dicho camino.

Esta no asumió la apariencia que tenía antes de revelarse totalmente a sí misma, pero X todavía fue capaz de reconocer cuál era el "premio". Y más todavía, el hecho de que simplemente estuviera allí, prácticamente esperándolo a él. El Met lo guio hacia su objeto de interés, ya fuese que X necesitara direcciones o no.

Incluso con su alineamiento, su función seguía siendo para el beneficio de las unidades que lo rodeaban, fuesen humanas o mecánicas.

Afueras de Abel City...

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