El señor de las planicies nevadas

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Hace diez años...

– ¿Es decir que uno de ellos servirá un rol específico? – preguntó el anciano calvo al científico mucho más joven, mientras él y sus colegas se encontraban terminando la construcción de un nuevo reploide. Uno que encajaría con los recientemente formados Maverick Hunters.

– En efecto. – respondió el Dr. Fujiwara, observando el procedimiento, y verificando que los componentes internos del reploide funcionaban como debían. – Después de todo, si operarán como un equipo, cada miembro debe encajar en un lugar apropiado para sus habilidades.

El Dr. Cain asintió, aunque no estaba seguro de las palabras del otro hombre sobre el asunto. Hasta donde él sabía, Sigma iba a liderar este nuevo equipo especializado, pero los otros miembros seguían en construcción. Aunque Fujiwara parecía tener una afinidad en particular por el reploide de armadura violeta y rostro oculto.

– ¿Y cuál es el rol que este cumplirá? – preguntó Cain al experto en robótica.

– Usted sugirió que tuviéramos a alguien que fuera, en sus palabras, lindo, así que este reploide será más o menos como una mascota. – explicó el científico de cabello oscuro. – Todavía tenemos que crear su armazón externo, pero esa es una de las porciones del cuerpo más fáciles de moldear.

El Dr. Cain observó al reploide todavía dormido mientras era armado. Su figura era humanoide, pero con las proporciones exageradas. Su cara no se veía humana como las de los demás, sino que más bien parecía haber sido basada en un pájaro con un pico plateado muy pronunciado, y un labio inferior amarillo.

– ¿Y qué se supone que debe ser?

– Debatimos un poco de si usar a un perro o algún otro animal doméstico. – respondió Fujiwara. – Pero en última instancia, elegimos a un animal menos convencional, pero aun así relativamente popular. – Miró a la máquina todavía incompleta. – Además, escuché que los pingüinos son populares con el público en general.


Tiempo presente, en la región polar...

X se sintió increíblemente tonto, pero la visión de Chill Penguin lo tomó por sorpresa. Y eso pronto se convirtió en una terrible realización cuando el antiguo Hunter colisionó contra él, enviando al reploide azul a estrellarse contra la pared donde estaba la puerta que sellaba la cámara. Penguin, sin embargo, se detuvo y se levantó sin problemas, sin verse afectado en sus movimientos por el terreno helado. El reploide más humanoide se levantó de nuevo, cuidando de no resbalarse ya que el hielo entorpecía un poco sus movimientos. Otro factor que lo hacía verse aún más tonto.

Aun así no podía evitarlo, ya que ¿cómo podría haberse esperado que Chill Penguin de todos los reploides se habría aliado con Sigma? Todavía seguía sin poder creerlo del todo, aunque su agresor estuviera justo en frente de él.

– ¿Qué pasa? – cuestionó Penguin, poniendo los brazos en jarra. – ¿Acaso esas nuevas y brillantes partes de tus piernas no te sirven para mantener mejor el equilibrio?

X estaba en un completo estado de incredulidad, tratando en vano de negar lo que estaba frente a él. – ¿Por qué? – le preguntó. Sabía que era una pregunta inútil, pero no pudo evitar hacerla.

Chill Penguin resopló con desdén. – ¿Por qué? – chirrió, burlándose de la pregunta de X y su evidente angustia. – ¡Como si fueras a entenderlo!

X se mordió el labio, inseguro de cómo responder. – Yo... yo no...

– ¡No! ¡Es tal como él lo dijo! ¡Nunca lo harías! ¡Eres igual que todos los demás! – exclamó Penguin furioso. Sus ojos se fijaron en los componentes de las piernas del reploide azul. – ¡Incluso ahora, tu creador necesita recordarte que eres el mejor de todos!

Potencial IlimitadoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora