Preludio antes del viaje

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Sus ojos verdes de abrieron de par en par de golpe, lanzando un grito ahogado al levantarse de su cápsula. Al ajustar su visión, X se dio cuenta que estaba de vuelta en la Base Hunter, situado en una cápsula donde todo a su alrededor parecía normal. Excepto por el hecho de que todos a su alrededor parecían haber desaparecido.

Levantándose de su lugar de descanso, el reploide azul echó un vistazo a su alrededor, en alerta y con su buster listo. Pero mientras viajaba por los pasillos y a través del edificio, X concluyó que estaba totalmente solo en el cuartel general.

Al llegar a la entrada, X salió del edificio y vio que, para su confusión, todo estaba en el mismo estado que antes del anuncio de Sigma. Humanos y reploides seguían ocupándose de sus asuntos por las calles de Abel City, sin que nada estuviera mal o fuera de lugar. Aun así, X se sentía intranquilo, como si algo problemático estuviese cocinándose debajo de la ciudad. Intentó buscar rostros familiares entre las multitudes que lo rodeaban, pero no encontró señal de nadie. No había rastro de Zero, Roll, Chiyo, ¡o ni siquiera del Dr. Cain! Nadie del cuartel general tampoco, ¡todos alrededor de X eran extraños!

– ¿Disculpen? – dijo tratando de atraer la atención de alguien. – ¿Disculpe, señor? ¿Señora?

Todos lo estaban ignorando. X estaba a punto de ver hacia otra parte, tratando de averiguar qué estaba sucediendo, pero entonces, sintió una mano agarrándole la suya.

– ¿Huh?

– Parece estar perdido, señor. – observó un pequeño niño, cuyos ojos azules miraban intensamente los verdes de X. – Pero si es como yo, siempre se sentirá un poco fuera de lugar.

– ¿A qué te refieres? ¿Quién eres tú? – cuestionó X.

Se arrodilló para ponerse al nivel del niño, estudiando su apariencia. Era un niño bastante joven, posiblemente alrededor de los diez u once años, y su cabello era de un castaño oscuro algo salvaje y desordenado. Sus ojos eran enormes y azules, y llevaba una camiseta azul y blanca con el número 23 en ella, con texto azul y fuente cuadriculada, shorts de color beige, y un par de zapatillas deportivas naranjas con medias blancas en sus pies.

El niño guardó silencio al principio, mirando a su alrededor la masa de humanos y formas de vida mecánicas. – Ha comenzado de nuevo. Sólo que esta vez, no hay humanos detrás de ello. Las máquinas pueden hablar por sí mismas ahora.

– ¿Qué quieres decir? – X estaba confuso. ¿Quién era este niño?

– Las cosas nunca volverán a ser iguales. – le dijo el niño al reploide más alto. – Las cosas nunca podrán volver a ser como antes, aunque muchos quieran que así sea. – continuó tras un momento, aumentando más la confusión de X. – Desde que el Dr. Light creó al primer robot, muchas cosas se han puesto en marcha. Aunque él jamás hubiera podido predecirlo, los humanos y las máquinas sentirán los efectos de una batalla de voluntades siglos después de que los dos hombres que la iniciaron hayan muerto.

– ¿Siglos después? – preguntó X. – ¿De qué estás...? ¡H-hey! ¡Espera!

Se vio interrumpido cuando el niño salió corriendo de repente. Estuvo a punto de seguirlo cuando de repente sintió un intenso escalofrío bajarle por toda la espalda, deteniéndose en seco. No entendía por qué, si eran sus sistemas lógicos actuando o si era alguna clase de "instinto" humano, pero X sentía que algo andaba mal.

Y entonces, notó una pequeña multitud reuniéndose alrededor del borde de la estación que conectaba Abel City y Arcadia. ¿Qué estaba sucediendo?

Su respuesta vino cuando llegó al borde de la estación, mirando hacia el agua que había abajo, para ver un montón de figuras nadando hacia tierra firme.

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