Corazones de cristal

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Islas Filipinas, afuera de Ciudad Baguio...

Dices que no sabes quién eres, pero hasta el momento, le has dado a todos los demás indicios de que no sólo eres un envidioso potencialmente violento y propenso a desquitarte, sino corto de vista y ridículamente egoísta.

Blues permaneció totalmente en silencio, sin siquiera tratar de protestar o de defender su posición. En lugar de eso, X tuvo una sensación perturbadora de aceptación en sus ojos, como si absorbiera cada palabra que ella había dicho, como si fuese una innegable verdad. El peso de sus palabras flotó tensamente en el aire, y un resentimiento profundo comenzó a acumularse dentro de él, pues odiaba la claridad de la realidad que pintaba.

Mi madre y Vesper Woman dijeron que sólo eras un individuo confundido tratando de buscar su lugar en el mundo, y que eso, incluso si tienes muchas cosas por las cuales responder, lo estás intentando. – Hizo una pausa. – Genuinamente intentándolo.

Él se quedó en silencio, todavía envuelto en la tranquilidad de la caverna, donde un zumbido bajo y reverberante resonaba por esas paredes de piedra húmedas, creando una tenebrosa sinfonía de sonidos. Sombras danzaban a su alrededor, parpadeando en medio de la luz apagada que se filtraba desde la entrada. Este lugar, un santuario forzado, le envolvía en un abrazo perturbador, sugiriendo que estaba atrapado aquí por razones más allá de la casualidad. El aire estaba lleno de humedad, un recordatorio de que era un prisionero reacio en este refugio subterráneo, tal vez en más de una forma. Si hubiera sido humano, tal vez este lugar habría estado impregnado con el olor a tierra y rocas húmedas, pero esas cosas eran sólo pensamientos inútiles a estas alturas.

Al rescatar a Kalinka, a pesar de los riesgos, Roll lamentó que esto significara que todavía no ibas a volver a casa, muy probablemente. Así que ofrecí que, si lo necesitabas, el laboratorio LaLinde estaría abierto para ti.

... pero tú no quisiste ir más lejos. – respondió suavemente el otro robot. – En todo caso, tú estabas contenta pretendiendo que yo no existía.

X se mordió el labio, con el procesador atrapado en un torbellino de emociones y pensamientos en conflicto mientras se veía esencialmente forzado a ser testigo de la escena tan perturbadora que se reproducía frente a él, una que había estado grabada en el pasado mucho antes de su propia concepción, tal vez incluso antes de que el Dr. Light hubiera visionado su existencia.

Quake Woman se sentó a poca distancia, con su armadura verde brillando suavemente en la tenue luz de la caverna, en contraste con las formaciones de rocas rugosas que les rodeaban. Intercambiaba miradas entre Blues, que yacía tendido sobre su espalda, y un dispositivo de rastreo (diseñado para monitorear los pulsos rítmicos del núcleo de una máquina) que se balanceaba descuidadamente sobre su pecho. Su casco reposaba cerca de allí, revelando su cabello salvaje y desordenado castaño, y unas gafas angulares obscurecían sus ojos, dejando un aire de misterio sobre sus pensamientos internos y sentimientos.

La atmósfera estaba tensa, llena de emociones no dichas mientras la mirada de Quake Woman se movía nerviosamente entre Blues y las estalagmitas dentadas que los rodeaban. Cada formación parecía hacer eco del conflicto en su corazón, reflejando también el que se cocinaba en ese espacio tan confinaba. Al pasar los segundos, X sintió el peso de su historia compartida presionándole, un recordatorio de los caminos entrelazados por el destino y las sombras de decisiones que fueron tomadas mucho tiempo atrás.

Si se trata de la pared, la foto, y aquella noche, lo siento. – respondió Blues débilmente. – Yo... no fue mi intención asustarte. Y aunque esto no deshaga nada, siento mucho lo de tu retrato. – añadió. – Yo... mira, no tienes que creerme, pero no tenía intención de lastimarte. – le dijo con una chispa de honestidad y vulnerabilidad en su voz. – Yo... en ese momento detestaba ver el rostro del Dr. Light. Era... con él con quien estaba enojado entonces, no contigo. – Otra pausa. –...aunque, dado cómo me presenté ante Rock... y especialmente ante Roll, no es de extrañar que me tengas miedo.

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