Corazones de piedra

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La mente de X se aceleró, tratando de entender las implicaciones de sus palabras, pero abruptamente se vio transportado a un nuevo entorno antes de poder procesar por completo su significado. El interior de la fortaleza de Wily se desplegó frente a él, un laberinto de corredores y cámaras intrincados, cada uno diseñado con una mezcla de precisión científica y brutalidad industrial. Las paredes estaban adornadas con tecnología avanzada, terminales de computadora parpadeando con múltiples luces, pantallas holográficas que proyectaban datos complejos, y aparatos mecánicos zumbando con una energía que parecía de otro mundo, pulsando a través del aire.

Los pisos estaban hechos de metal liso y reflector, creando una sensación desorientadora de un espacio abierto que se estiraba en todas las direcciones. X sintió una extraña mezcla de asombro e intranquilidad mientras observaba su entorno. El reflejo del interior de la fortaleza distorsionaba su sentido de quién era y dónde estaba. Pese a la desorientación, podía sentir un propósito detrás de su presencia aquí, un propósito que se centraba alrededor del elusivo Dr. Wily en persona.

Aun así, ubicar su locación exacta en esta masiva fortaleza era un desafío. X había estado fuera de la puerta de la imponente estructura no hacía mucho, pero este lugar se sentía como a un mundo de distancia de cualquier entrada o estructura familiar registrada en los anales de la historia. Ninguna de las áreas que reconocía de las hazañas del Bombardero Azul o las sub-cámaras y teletransportadores documentados en los archivos del DWN archives eran visibles. Era como si la fortaleza hubiese sido rediseñada completamente, o tal vez reconstruida desde sus cimientos.

Los pensamientos de X se arremolinaban mientras trataba de darle sentido a todo. ¿Acaso Mega Man ya había atravesado estos caminos desconocidos? ¿Estaba viendo a través de los ojos de Mega Man, o experimentando la fortaleza desde la perspectiva de alguien más? La incertidumbre le carcomía, añadiendo al creciente sentido de extrañeza y desconexión.

– ¿Acaso Blues realmente...? – murmuró, dejándose perder la voz mientras se esforzaba por formar la pregunta. – ¿Acaso Tempo siquiera lo intentó? – Las palabras salieron a trompicones, pesando con la implicación y un creciente sentido de terror. – ... ¿acaso lo dejó morir?

La fortaleza parecía cerrarse alrededor de él, con las paredes pulsando de energía y secretos, mientras X permanecía allí, a la deriva en un lugar que estaba en un pasado distante, un pasado que se sentía más sobrenatural y desconocido que nunca.

Luego, un estallido ensordecedor resonó por la fortaleza, y la fuerza de la explosión envió ondas de choque que reverberaban a través de los cimientos de la estructura. El impacto fue tan poderoso que X casi perdió el equilibrio, y sus sentidos se vieron asaltados por ese repentino y perforador ruido. Se tambaleó, desorientado, mientras los ecos de la explosión continuaban rebotando por los corredores, dejando un silencio largo y ominoso a su paso.

Luego, toda la estructura comenzó a temblar.

La mente de X se puso en marcha, tratando de procesar lo que estaba pasando y lo que podía significar. Antes de que pudiera formular un plan, alcanzó a ver dos figuras corriendo por la distancia, con sus formas borrosas debido a la velocidad y el humo de las secuelas de la explosión. En cuanto se hicieron más claras, el corazón de X le golpeó en el pecho al reconocer sus rostros, rostros que sólo había visto en fotografías o imágenes proyectadas, reliquias de una era ya muy distante.

Pero aquí, en esta anomalía temporal y espacial, podía verlas como realmente eran: carne y hueso, vivos y moviéndose con una sensación de urgencia que era palpable incluso donde estaba parado. La realidad de su presencia envió un escalofrío por su espina dorsal, una mezcla de asombro e incredulidad recorriéndole sus circuitos. Estaba siendo testigo de la historia delante de sus ojos, una historia que se sentía familiar y al mismo tiempo totalmente desconocida.

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