El renacimiento de Eva

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– ¿Qué es lo que estás diciendo? – inquirió Mac, sin estar totalmente dispuesto a creer, mucho menos aceptar, lo que este ayudante externo estaba diciéndoles. – ¿Cómo puede ser eso? ¡Es nuestro sistema! ¡Esa torre nos pertenece! ¡Deberíamos poder desmantelar ese escudo!

– Esa ERA su torre, pero ya no lo es. – corrigió Ray B., ya fuese que a Mac le importara o no. – Aun así, en última instancia lo mejor para todos es que la reclamen.

– Una idea fantástica. – intervino Ai. – Sólo que es imposible por el momento, viendo que la única opción que tenemos es hackear directamente el sistema de seguridad de la estructura...

– Lo cual acabamos de demostrar que no sólo es increíblemente arriesgado, sino altamente peligroso para ustedes. – replicó el androide encapotado. – Tu núcleo fluctuó por un momento al recibir el método de defensa del sistema. – Bajo sus gafas sombrías, sus ojos se entrecerraron. No se atrevería a decirle cómo sabía esto, pero podía ver que no era el único, notando cómo X cambiaba el foco entre sus colegas Hunters y este hermano más pequeño y significativamente mayor. – Bien podrías haber muerto de nuevo allí, Ai.

La reploide de armadura roja y marfil abrió sus ojos azul cielo, al descubrir que, para su gran shock y horror, la otra máquina dio en el blanco con su declaración, y sus sistemas registraron un lapso momentáneo antes de reactivarse de nuevo. – Entonces... – comenzó a decir Ai, con dificultades para poder refutarlo, y de nuevo, para su propio shock. – ¿Qué con eso? ¿Cómo es que eso es asunto tuyo? Tú mismo dijiste que no puedes involucrarte demasiado así como están las cosas, así que ¿qué te importa?

Fue sólo por un breve y pasajero momento, pero X fue testigo de cómo Ray B. se tensaba. – ... ¿y acaso necesito una razón para valorar tu vida?

Otra vez, Ai al parecer no supo cómo responderle. – Considerando todo, ¿no deberías estar más preocupado por las vidas que se verán afectadas si NO logramos entrar aquí? – contraatacó. – Además, este trabajo viene con riesgos. La muerte potencial es sólo uno de ellos.

Otra vez, como X observó, Ray B. se vio afectado por la réplica de la rubia, aunque nadie pareció notarlo. – Firefly estaría devastada si descubriera que terminaste muerta justo después de salir de la enfermería, ¿no crees?

La navegadora entrecerró sus dedos color marfil en un puño muy apretado. – No sé de lo que hablar. – respondió secamente. – Además, incluso si tuviéramos ese tipo de dinámica en el campo, ¿eso qué te importa?

– Nada. – respondió Ray B., aunque con una ligera resignación, ya que sentía que, independientemente de que dijera la verdad, sabía que no estaba cualificado para discutir esas cosas. No tenía el derecho de discutirlas. – Pero si necesitas más motivación, seguro que te has dado cuenta de que no puedes dejárselo todo a Trinity.

Ai no replicó. X podía ver que quería hacerlo, decirle a este extraño que se quedara en su sitio y se ocupara de sus asuntos, pero aun así, nada salió de sus labios.

– Ninguno de ustedes puede permitirse perder a más de sus ya de por sí reducidos números, si es que esperan encontrar dónde se está ocultando Sigma. – expresó el androide encapotado, pausando por un momento para mirar hacia el cielo, viendo cómo el sol se ponía entre las llamas furiosas que uno de los suyos había causado en su sed de destrucción.

– "Como si tú fueras mejor, mocoso inútil."

Alejó ese golpe mental de su procesador. Cualquier recordatorio de su propia historia y numerosos errores podía esperar; esto no se trataba de él.

– "¿No se trata de ti?"

– Y cuando llegue el momento...

– "Tú provocaste todo esto."

Potencial IlimitadoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora