El vuelo del Death Rogumer

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– ¿Cómo van las preparaciones? – cuestionó Sigma, que acababa de contactar a sus hombres en el centro de navegación de la fortaleza para obtener actualizaciones sobre los planes actuales, en relación a cierta nave de guerra que habían adquirido al inicio de su rebelión.

Todo marcha sobre ruedas, señor. – respondió el personal. – El Death Rogumer está en perfecta forma y listo para despegar una vez que los misiles hayan sido cargados a bordo.

– Excelente. – respondió el reploide alto y encapotado. – ¿Y el piloto? ¿Cómo está manejando sus nuevos deberes?

Aunque no dijera su nombre, quienes lo habían escuchado sabían de quién hablaba el líder Maverick. – Está listo para partir, señor, tal como usted lo desea.

– Entonces dile que arranque los motores. – le indicó a la tripulación. – Tenemos una carga importante que entregar a la gente de esta ciudad, después de todo. – Hizo una pausa. – ¿Y está nuestro otro jugador listo para su momento de actuar?

Afirmativo, señor. Flame Mammoth ya está listo para comenzar la Operación: Evacuación en cuanto usted lo desee.

– Bien. Dile que permanezca en su puesto, pero que no se mueva hasta que le dé la señal, ¿entendido?

Claramente, señor. Recibirá estas instrucciones en el acto.

– Asegúrate de ello, de lo contrario, habrá más en riesgo que tiempos fallidos. – le advirtió Sigma. – Nuestra única oportunidad de acabar con los humanos de un solo golpe quedaría arruinada. – Desvió la mirada del monitor para dar su orden final. – Asegúrate de mantener al Death Rogumer en el cielo, y a los mecaniloides en el suelo. Sigma fuera.

Y entonces, la conexión se cortó.

...

Ya sé lo que estás tratando de hacer, Vile. – declaró Sigma, ante el ex Hunter violeta que trajo ante su trono de su líder, aunque a regañadientes. – Y no necesitaba este repentino giro de acontecimientos para convencerme de cuáles son tus verdaderos planes.

El reploide de armadura violeta en cuestión guardó silencio al principio, con su postura rígida y tensa, pero no se atrevió a flaquear. Ni en presencia de él, ni de nadie más.

– ... No sé de lo que estás hablando. – respondió Vile. – En todo caso, creí que me agradecerías que me tomara las molestias de traer una mucama a bordo. De esa forma, alguien más podría ocuparse de ese anciano al que insistes en conservar como mascota...

Tú trajiste a esa reploide aquí porque sabías que alguien vendría por ella. – interrumpió Sigma, que claramente se le había agotado la paciencia con el otro ex Hunter al punto que ya era casi inexistente. – Sólo que no te anticipaste que sería su otro hermano el que vendría.

Vile no dijo nada, ya que aparentemente quedó atrapado en medio de su propio plan fallido. Necesitaba algo, alguna clase de distracción. ¿Pero qué?

Un minuto, ¡ya lo tenía! O al menos, eso esperaba. – Hablando de eso, ¿qué tal fue tu charla con el primer hijo de Light?

Sigma entrecerró la mirada. – No dijo nada. – respondió el líder Maverick. – Nada que estuviera dispuesto a compartir, un rasgo del que quizás podrías beneficiarte de aprender.

Vile no se amilanó. – ¿Es decir que no conseguiste respuestas de él en absoluto? – se rio. – Qué triste.

*¡SMACK!*

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