Empatía

84 5 3
                                        

Finalmente, tras un viaje muy largo, habían llegado a su destino. A pesar de la lluvia que caía y que todos estaban empapados, la visión del faro le dio al desaliñado grupo de humanos una cálida sensación de esperanza.

– Al fin. – dijo un hombre vestido con un uniforme de negocios. – ¡Ahora podemos llamar por ayuda!

– Muy bien. – dijo el líder del pequeño grupo, un hombre de mediana edad con cabello oscuro, y una camisa blanca de cuello alto, con pantalones y zapatos negros. – ¿Alguien sabe cómo operar un faro?

Los humanos se quedaron en silencio por un momento, hasta que alguien más habló. – Mi abuelo era guardián de un faro, cuando vivía en una aldea pesquera remota muy cerca de la costa. A veces me dejaba encenderlo.

– De acuerdo, eso servirá. – respondió el líder. Por ahora, tendría que servir. – ¡Vamos a dentro y pongámoslo en marcha!

Los humanos empezaron a correr hacia la entrada, con palancas y tuberías en sus manos para usar como defensa. O en este caso, como método para abrir una puerta. Mientras el líder observaba al grupo logrando romperla para poder entrar, no pudo evitar dejar que sus pensamientos volaran, y sus ojos oscuros permanecieron fijos en los cielos tormentosos arriba.

– Fumiko, Kenichi. – murmuró. – Puede que no haya podido salvarlos a ustedes. Pero con suerte, podré salvar a los hijos de otros con esto.

Arcadia...

Allí estaba, a muy poca distancia, visible desde el límite de la ciudad, pero cualquier medio para llegar a él había sido cortado. Dos reploides observaban hacia la distante isla, uno masculino y la otra femenina. Ambos eran partes de un equipo de investigación y desarrollo que acababa de iniciar su colaboración con los Dres. Cain y Fujiwara en el desarrollo de reploides, siendo ambos construidos para dicho propósito. En esencia, habían sido diseñados para estudiarse a sí mismos, por el bien de nuevos desarrollos. Pero dado lo que acababa de ocurrir, ambos se preguntaban si tal cosa continuaría tras algo como esto.

Si su existencia continuaría tras algo como esto.

– ¿Alia? ¿Sucede algo?

La reploide femenina, de cabello rubio largo y suelto, vestida con una bata blanca encima de una armadura rosa oscuro debajo, con las secciones medias de su cuerpo de color negro, miró a su compañero. Dicho compañero era otro reploide, pero a diferencia de su colega, tenía un casco violeta en su cabeza, con unos ángulos plateados que convergían en una gema de color azul con forma de diamante en el centro de su frente. También él llevaba una bata blanca que ocultaba su armadura, consistente mayormente en púrpura y negro con algunas secciones de dorado y blanco, pero a diferencia de su amiga, se veía más confiado y poco afectado por lo que sucedía a su alrededor.

– ¿Crees que este sea el final, Gate? – cuestionó la rubia, Alia.

El reploide púrpura y negro, Gate, levantó una ceja bajo su casco. – ¿A qué te refieres? – inquirió, estupefacto.

– Para nosotros. – dijo ella. – El final.

– Yo... no estoy seguro de entender.

Alia miró hacia el mar. – Quiero decir, Sigma, uno de los propios Maverick Hunters, su Comandante, decidió volverse Maverick, ¡y cortó el acceso total a una isla y bombardeó la ciudad que estaba encima de ella! Quiero decir, desde que los reploides existen, la amenaza de volverse Mavericks ha estado en la mente de todos, tanto de vida orgánica como mecánica.

Gate se rio. – Creo que ese es el propósito de haber formado a nuestro equipo. Fujiwara deseaba avanzar más nuestro desarrollo, pero Cain dijo que esto podría ayudar a que los humanos nos vean como seres vivos.

Potencial IlimitadoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora