El origen de los mecaniloides

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Roll observó con horror, mientras los ojos se le ensanchaban al darse cuenta que no lograba comprender lo que estaba viendo. – ¿Qué acaba de suceder? – preguntó, pero su hermano no le respondió. – ¿Qué fue eso? ¿X lo hizo? ¡¿Cómo colapsó una torre entera por sí sola?!

Proto Man sólo pudo observar, apretando los labios mientras comenzaba a sentir que algo había pasado, ya fuera planeado o por accidente, de cualquier manera, la pregunta de la supervivencia de X entró en tela de juicio.

*¡BOOM!*

La puerta del otro lado se abrió violentamente, revelando a un furioso Gravity Beetle, cuyos ojos estaban fijos en los otros dos reploides cerca del centro del puente, con su cuerno brillando contra el sol.

– ¿Quién mató a mi hermano? ¡¿Quién mató a Boomerang Kuranger?! – exigió, con las alas desplegadas como si se preparase para volar. Y antes que cualquiera de los acusados pudiera responderle, Beetle centró su atención en Roll. – ¡Tú! ¿Quién demonios eres? – inquirió, aunque sus preguntas parecían más un interrogatorio. – ¡Sigma nunca te mencionó! ¡¿Cómo es que...?! – Hizo una pausa, como si pensara para sí mismo. – ...tú.

Roll se echó para atrás. – Yo... ¿qué?

Beetle entrecerró los ojos, dejando claras sus intenciones. – Fuiste tú. – le gruñó. – Tú ayudast asesinar a mi hermano.

Roll abrió los labios, a punto de hablar en protesta, pero Proto Man le indicó que se quedara callada, aunque el silencio resultante sólo pareció enfurecer aún más a Gravity Beetle.

– Fuiste tú, ¿no? – le preguntó, aunque parecía más una exigencia. – Tú ayudaste a X para que derrotara a Kuwanger, ¿verdad? ¡¿VERDAD?!

– Ella no hizo tal cosa, bicho sobrealimentado. – proclamó el DLN rojo y gris. – Y no vas a ponerle una mano encima.

Beetle giró los ojos hacia el pequeño Robot Master. – ¿Qué dijiste, enano? – inquirió, abriendo las alas hacia afuera, preparándose para moverse y despegar. – ¿Me estás llamando estúpido? ¿Te atreves a decirme que mi dolor por mi hermano es estúpido? – Gesticuló con un dedo acusatorio en la dirección de Roll. – A menos que quieras tentar más a tu suerte, más te vale que te apartes de mi camino y me dejes ocuparme de mis asuntos. – Su tono dejaba claro que sus estipulaciones no eran negociables. – ¡A no ser que quieras que te acabe junto con ellos!

Torre de comunicaciones, o lo que quedaba de ella...

Un pequeño corrientazo. Una diminuta chispa.

Una pequeña y apenas registrada llama que se encendió en medio de las abrumadoras sombras.

X se sacudió, aunque apenas ligeramente, con un dolor ardiente en su cuerpo, haciendo que cualquier intento de moverse fuese una tarea por sí misma. A pesar de todo, juzgando por el trozo de techo con baldosas que estaba a pocos centímetros de su casco agrietado, sospechaba que la torre se había encogido unos cuantos centímetros.

O quizás más, considerando que, aunque con estática y distorsión que momentánea y periódicamente obscurecían su visión, el Maverick Hunter se encontraba a nivel del suelo, las pasarelas y caminos que rodeaban la torre ya se volvían más distinguibles desde su posición actual.

Aunque parecían estar un poco más... ¿verdes?

No, eso tampoco estaba bien. Los grises, los marrones pálidos y falsos blancos del material endurecido asociado con las construcciones humanas no se habían desvanecido, pero había algo diferente sobre ellos. Y, mientras X buscaba salir de debajo de ese pequeño espacio que se creó tras el colapso de la torre, se dio cuenta que tenía dos opciones.

Potencial IlimitadoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora