Restauración

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Los dos reploides apostados en la entrada de la planta de energía vieron a las dos figuras que se aproximaban, y de inmediato sacaron sus armas, pero no dispararon, al menos no todavía.

– ¡Alto! – gritó uno de ellos. – ¡¿Quiénes son?!

– Tranquilos. – dijo uno de los que se aproximaban, detrás del cual una figura inesperada venía ocultándose. – Sólo somos nosotros.

Los dos guardias bajaron sus armas. La vista familiar de una armadura azul y un rostro juvenil con ojos verdes les alertó que no había peligro. Al menos no en el presente.

– ¿X? – preguntó uno de ellos en voz alta, antes de notar a la humana que lo seguía. – ¿Qué hace ella aquí?

– No fue exactamente mi elección traerla aquí. – respondió el Hunter azul. – Y no es que cuestione que ustedes sean buenos en sus trabajos, pero ¿no habrán visto por casualidad a alguien merodear por aquí? ¿Alguien que podría haber eludido la seguridad?

– Imposible. – argumentó el otro guardia. – No hemos visto a nadie. Y además, no seríamos tan tontos como para dejar que alguien simplemente nos pase de largo.

– Oh, creo que este sujeto tiene sus maneras. – contraatacó X, mirando el edificio que había tenido que limpiar antes. – Logró colarse en la fábrica que estaba en las afueras. Puedo imaginarme que encontraría sus métodos para sortear este lugar también.

– Perdón, pero eso lo encuentro improbable. – dijo el primer guardia. – Ahora, si son tan amables de volver a la ciudad... – Se detuvo al recibir una notificación en su comunicador. – ¿Hm? ¿Sí, qué sucede?

Tras unos momentos de silencio entre los tres, sin que Chiyo dijera una sola palabra, pero escuchando atentamente a la conversación, el mensaje terminó, y el guardia volvió otra vez su atención de X.

– ¿Qué pasa? – preguntó X.

– Bueno, parece que tu teoría tenía algo de credibilidad después de todo. – respondió el primer guardia. – El Thunder Slimer ha desaparecido.

Adentro de la planta de energía...

Electricidad. Su combustible, su sangre de vida, le estaba siendo devuelta.

¿Pero de dónde venía? No podía discernir la fuente, y había sido separado de su conexión principal en la batalla anterior. Así que ¿cómo...?

– ¿...des...me...?"

Un momento. Algo más estaba fuera de lugar.

– ¿Puedes... me...?

No estaba solo.

– ¿Puedes oírme?

El mecaniloide al que le fue otorgada inteligencia se encontró lentamente recuperando su visión, y el mundo a su alrededor mostraba que había vuelto a la cámara previa donde había sido encerrado, sólo que esta vez no podía formar su burbuja, y estaba prácticamente drenado de casi toda su energía, excepto la carga de arranque que le fue dada. ¿Pero quién lo había hecho, y más todavía, por qué?

No pasó mucho tiempo durante estas interrogantes antes de darse cuenta que el que se dirigió a él no estaba detrás de un escudo protector, sino en la habitación con él. Y por su aspecto, se parecía a un preadolescente humano o adulto joven envuelto en una gruesa capa a quien superaba enormemente en tamaño.

Pequeños chispazos de electricidad salían de sus dedos, alertando al mecaniloide que este niño había sido el que lo revivió, aunque lo había hecho a duras penas.

– ¿Y por qué debería responderte? – cuestionó el mecaniloide. – ¿Por qué has hecho esto, traerme aquí? ¿No sabes quién soy?

– En realidad sí lo sé. – replicó la máquina encapotada. – De hecho, tengo algunas preguntas que necesitan respuestas, y no veo a alguien mejor que tú para respondérmelas... Thunder Slimer.

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