—De dónde sacaste la plata —preguntó mi hermano sin poder evitar una sonrisa enorme. —Pero ¿te gusta? Él levantó la campera y la miró como si fuera un fantasma y yo recordé a Hernán probándosela para calcular el talle y me dio risa. No íbamos a poder ver la peli. Tendría que ser otro día. —Estoy trabajando, Walter. Agarré viaje. —Como mi hermano se quedó callado, seguí—: Estoy ayudando a la doña del otro día. Ya me pagó. Por un rato llegué a pensar que el Walter no me había escuchado: no hablaba, no se movía, no me miraba, no se enojaba. Nada. Después sí, levantó la cabeza para mirarme: —¿Estás segura, hermanita? Si lo hacés solo por la plata, no da. —No va a pasar nada —le contesté sin pensarlo—. Estoy segura. Mi hermano se acercó y me dio un beso. Después me dijo que la campera era lo más, que dónde la había comprado. Yo me reí. —Es una sorpresa, Walter. Él se la llevó a su pieza diciendo que esa no era una campera para hoy, que era especial y que por eso la iba a guardar.
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COMETIERRA - Dolores Reyes
RandomA la memoria de Melina Romero y Araceli Ramos. A las víctimas de femicidio, a sus sobrevivientes. tú que solo palabras dulces tienes para los muertos LEOPOLDO MARÍA PANERO Nadie sabe lo que puede un cuerpo. BARUCH SPINOZA
