¡San Marcelo!

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N/A: Buenaaas, buenaaas.

Una disculpa por la tardanza!! Me tarde escribiéndolo.

Ojala lo disfruten!!

Mucho era una persona tranquila y, a pesar de su aspecto intimidante y cara de "ponte frente a mi y te mato", era una buena persona. O al menos el creía que era una buena persona.

No pedía mucho en la vida, solo que fuera tranquila y entretenida. Por eso deseaba, algún día, abrir una cafetería y vivir de ella. Luego de las calles y la correccional, estaba agradecido con los Sano, especialmente con Mikey e Izana. Por eso aún no se alejaba de las calles por completo, estaba empeñado en seguirlos y en cuidar de ellos.

Además, Mikey e Izana le habían dado una familia. A pesar de ser parte de la ToMan, Mucho aún se veía con regularidad con la "Generación de la brutalidad" y disfrutaba de tardes tranquilas y llenas de risas. Y, a pesar de que no se unió a Tenjiku, se sentía como en casa en el santuario, más ahora que la relación con los demás altos mandos se estaba volviendo tan cercana y familiar.

Había descubierto que tenía muchas cosas en común con Draken, Phachin e incluso Hakkai. Su amistad con Smiley y Angry se profundizó aún más. Y estaba orgulloso y contento de ver que la relación entre Mikey, Baji y Sanzu, a quién consideraba un hermanito, estaba volviendo a ser cercana. Hasta Baji comenzaba a caer muy bien.

El podía verlo también, la interacción se estaba volviendo fuerte y, para su grata sorpresa, también la comunicación comenzaba a fluir positivamente. Ahora las divisiones estaban al tanto de las demás y sus movimientos.

Y Mucho pensaba que todo esto era gracias a Takemichi Hanagaki y Yuliana Mendoza. El dúo revoltoso que pareció caído del cielo para meterse en cada aspecto de la ToMan y, contra todo pronostico, salvar a la pandilla.

No iba a mentir, se estaba encariñando mucho de la castaña. Yume, para su agrado, era una persona abierta, comprensiva, bromista y amable. No le fue difícil tomarle cariño y aprecio.

Y, aunque no convivía tanto con Takemicchi, reconocía la honestidad, valentía y tenacidad del teñido. También le caía muy bien.

Pero eso no quitaba que fueran revoltosos. Revoltosos problemáticos que se metían en problemas apenas respirar. No le cabía duda de eso, más que nada porque lo experimentó de primera mano al convivir con Yume.

La castaña, además de alborotarle las hormonas a sus subordinados y hacer que su sub-capitán se la pasara babeando y de mal humor por ella, también se la pasaba tropezándose, magullándose y tirándose cosas encima.

Después de la quinta vez, ya no se molestó en seguir contando. La chica parecía un imán para los moratones, siempre le veía nuevos hematomas en los brazos y espinillas. Al principio se preocupaba por ellos, pero luego vio de primera mano como la chica se tropezaba con sus propios pies cuando se concentraba en sus pensamientos o cuando, por fatiga, se le olvidaba que el ring estaba a un metro del suelo y casi cae de cara. De no ser porque uno de los chicos se percató y la atrapó en el aire, hubiera tenido que llevarla al hospital por un un cráneo roto.

Se preguntaba muy seriamente como es que la chica a sobrevivido tanto tiempo.

Al principio pensaba que era gracias a Takemicchi, pero luego lo vio estamparse contra un poste por juguetear por la calle y después, le vio tirarse encima un estante de productos de limpieza porque la ropa se le atoro en el metal.

Así que no, ellos deben de estar vivos por pura gracia divina o porque su desconocido niñero hizo un buen trabajo manteniéndolos con vida.

Pero justo en esos momentos, en verdad, en verdad, se peguntaba como es que eran capaces de buscarse tantos problemas.

La sexta de la MizoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora