Internado o convento

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Miedo a la muerte, buenas decisiones y cajas de cartón.

Eran tres cosas de las que la Mizo carecía en esos precisos instantes.

¿Por qué?

Bueno, para empezar, estaban en la casa de Takemichi, su amigo, colega, cómplice y compañero que en esos momentos se había quedado con su niñero. Y, la verdad, no sabían ni por dónde empezar.

¿Cómo deberían de hacer las cosas?

Al llegar a casa de su amigo se dieron cuenta que varios problemitas, el primero era que ellos sabían que su amigo tenía escondites que solo Yume conocía, ¿Cómo iban a llevarse lo que no podían encontrar? Si se tardaban demasiado South podría volver y él si que los molería a golpes hasta dejarlos sin dientes. Y si lo dejaban y South lo encontraba... bueno, tendrían que buscar girasoles para llevar al funeral del teñido.

El segundo: ¿Quién iba a buscar en las cosas de Yume? O sea, Yamagishi y Makoto conocían algunos de sus escondites de cosas indecentes/ peligrosas, pero algunas veces, sin que ella se diera cuenta, la vieron guardando cosas en su cajón de ropa interior, el cual estaba estrictamente prohibido para ellos. Podían tomar su ropa y revisar su closet o cualquier cajón de sus muebles, pero el lugar donde guardaba su ropa interior estaba más que prohibida.

El tercer problema: ¡Casi todas las cosas de Yume podían aumentar la condena de ambos! ¡Y Takemichi tenía la mala costumbre de dejar sus cosas por toda la casa! O mejor dicho, ¡Ambas casas! Yume siempre fue ordenada y, sabiendo que la casa Hanagaki no era su casa, trataba de mantener sus cosas en la habitación que tenía, pero Takemichi no, claro que no. A él le importaba un comino que la casa Mendoza no fuera su casa, tenía sus cosas, recuerdos y escondites por toda la casa de Yume y la propia.

Cuarto: ¡Tenían que sacar lo de ambas casas! ¡Las dos casas! ¿Dónde iban a esconder todo? ¿Cómo se lo llevarían? ¿Cuánto tiempo tenían para sacar todo? ¿A que Santo tenían que encomendarse?

- Makoto, vete por la furgoneta. - Afortunadamente para todos, Akkun no estaba dispuesto a que sus amigos pasarán más de un mes castigados, y tampoco quería morir en manos de South. - Nosotros vamos a buscar todo lo que pueda revelarle a South que ese par, de angelitos, no tienen nada.

- Pero yo también quiero buscar entre las cosas de Yume y Takemichi. - Se quejó casi en un berrinche. - ¡Quiero saber que tanto guarda Yume entre su ropa interior, y ver si era cierto lo de la pijamada! - Recordando la respuesta del teñido ante la verdad que le tocó aquella vez.

- Justo por eso no te quiero aquí. - Akkun lo empujó con una patada suave para que empezara a correr hacía casa de su tío para que le prestara el Mizomóvil. - Ve por la maldita furgoneta porque te juro que si South nos encuentra aquí, le diré que le compraste a Yume un trajecito erótico de maid y serás el primero en ser asesinado por el.

A Makoto le hizo una mueca completamente ofendido. - ¡Nunca le he comprado algo así! - Se defendió, no es que la posibilidad le molestara, pero si iban a masacrarlo por algo así, al menos que fuera verdad.

- Pero el no lo sabrá. - Yamagishi estaba dispuesto a entregar a Makoto, si eso significaba que solo el podría ver en el cajón de la ropa interior de Yume.

Makoto hizo una mueca de desacuerdo total. - ¿Por qué debo de irme mientras ustedes revisan entre sus cosas? - Siguió refunfuñando, perdiendo valioso tiempo.

- ¡YA LARGATE POR LA MALDITA FURGONETA Y DEJA DE CHILLAR! - Takuya no estaba para juegos, claro que no. South era la persona más grande, intimidante y violenta que conocía, era como un gran y agresivo oso grizzly que solo trataba con cuidado a cinco personas en todo el mundo y ninguno de ellos estaba entre esas cinco afortunadas personas. - ¡South es capaz de hacernos volar de un puñetazo y créeme que no quieres eso! ¡Nunca volví a ver al hombre que molesto a la tía Ana! - La tía Ana, como cariñosamente llamaban Takuya y Takemichi a la madre de Yume, y una de las cinco personas con las que South era cuidadoso, respetuoso y protector. - Si nos encuentra fisgoneando en la casa de la tía... - Su rostro lo dijo todo, absolutamente todo.

La sexta de la MizoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora