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JULIE
Me han echado de casa.
Mis padres me han obligado a salir durante un par de horas y, aunque me cueste admitirlo, entiendo sus razones. Después de todo, puede que sí necesite tomar un poco el aire. Dejarme en la calle es una exageración, pero entiendo sus razones. El traqueteo de mis pies contra le suelo y el tamborileo de mis dedos bajo la mesa pondrían de los nervios a cualquiera.
Por lo menos han sido lo suficientemente considerados como para hacerme un poco de compañía.
Ahora, tumbada en la amplia manta sobre el césped, con rayos de sol impactando contra mi piel y una suave brisa moviendo mi cabello de un lado a otro, escucho a mi madre narrarle cuentos a mi hermana.
Desde que Ava nació, todas esas historias que no escuchaba desde hacía años han vuelto a la superficie. Los conejitos, gallinas y tortugas parlantes han vuelto a mi vida por tiempo indefinido.
—Julie —brama mi abuela desde la puerta de casa—. Acaba de llegar tu carta.
En apenas un instante, clavo mi mirada sobre la mujer y la bebé idénticas a mí.
Me mantengo petrificada varios segundos, sin saber exactamente lo que sentir. En cada átomo de mi piel se produce una batalla entre la alegría y el miedo.
El contenido de esa carta podría cambiarlo todo y el temblor en mi cuerpo no hace nada más que recordármelo.
—¿A qué esperas? —pregunta mi madre con diversión.
Con su voz como pistoletazo de salida, me levanto de un salto y empiezo a correr.
Mis pies se mueven con rapidez. En unos segundos, cruzo el establo y subo las escaleras del porche para después adentrarme apresuradamente en casa.
"Señorita Julie Sanders.
Rancho Las Cinco Amapolas
Llano, Texas".
Leo en el dorso de la carta que extiende mi abuela en cuanto llego al comedor.
Mi padre, que entra por la puerta principal, me mira con nerviosismo. Mi madre, con mi hermana en brazos, se encuentra igual que él.
Con manos temblorosas, rasgo la fina pestaña del sobre hasta que el papel en su interior queda visible.
Siento todas las miradas sobre mí mientras lo desdoblo entre mis manos y empiezo a leer.
—"Estimada Señorita Sanders, en nombre de la Universidad de Nueva York, nos es un honor informarle de que su solicitud para ingresar en el Grado de Educación de nuestra universidad ha sido aceptada...".
Antes de ser consciente de lo que hago, un grito emocionado sale por mi garganta. Mi cuerpo empieza a moverse, saltando sin control y corriendo de un lado a otro del comedor.
—Julie... —Me parece escuchar la voz de mi madre, pero soy incapaz de reaccionar a ella—. Cielo...
Hacen falta unos cuantos llamados más para que me detenga, baje del sillón en el que me había subido y le permita a mi corazón volver a latir con normalidad.
Con una enorme sonrisa todavía plasmada en mi rostro, me doy la vuelta y miro a mis padres.
—¡He entrado!
Ellos no reaccionan ante mis palabras. Los observo con atención, buscando algún tipo de respuesta, pero no la hay.
Creo que todo color en mi rostro desaparece cuando veo la humedad en sus ojos. Habría esperado que en ellos hubiera alegría, pero el dolor y la tristeza los impregnan.
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Las Cinco Amapolas
RomanceSiempre se ha dicho que del odio al amor hay un solo paso, pero ellos preferirían tirarse por un precipicio antes que darlo. Julie lleva trabajando en el rancho de su familia desde que tiene uso de razón. Todos en el pueblo la adoran, a ella y a su...
