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RYAN
Voy directamente hacia el parque cuando mi reloj marca las cinco de la tarde. Suelto las brochas y me desprendo del delantal lo más rápido que puedo, procurando no llegar tarde. No voy muy atrasado, pero no quiero hacerla esperar bajo el sol ardiente que hoy cae sobre el pueblo.
—¿Llevas mucho tiempo esperando? —saludo al llegar junto al columpio en el que está sentada.
—No, tranquilo, yo también acabo de llegar—responde Sarah.
Desde la primera vez que nos encontramos aquí, cuando me di cuenta de que no era para nada como Krystal y sus amigas, hemos estado quedando, y se podría decir que nos hemos hecho amigos. Al menos solemos pasar bastante tiempo juntos.
Cuando llegué a Texas no esperaba hacer ningún amigo, en cierta manera es lo que intentaba evitar, era lo último en lo que pensaba, pero Sarah me ha hecho darme cuenta de que tener a alguien puede hacerme hace bien.
Llevaba casi un año aislándome, un año entero en el que he estado completamente solo, y se me había olvidado cómo era el sentimiento de saber que tienes a alguien al lado.
Nunca hablamos de nuestras vidas antes de conocernos, yo no sé casi nada de su pasado y ella no sabe absolutamente nada del mío, y supongo que eso es lo que hace que nuestra amistad funcione y sea mucho más fácil para mí.
Nuestras conversaciones pocas veces tienen sentido, pero son esos pequeños momentos de desconexión los que me ayudan a no dejarme llevar por mis impulsos ni a hacerle caso a mis pensamientos.
—¿Por qué esa cara?
—Sigo creyendo que Julie es la reencarnación de un teniente. Durante estas dos semanas he intentado hablar con ella y bromear, pero parece que su cerebro no lo capta. Ni siquiera sé como Lucas la aguanta.
Puede que sea mi culpa, que yo lo empezara todo y que esto fuera lo que quería conseguir, y por eso me cabrea que de alguna manera me afecte tanto lo que Julie pueda pensar de mí.
—Seguro que estás exagerando las cosas, no puede ser para tanto.
—No te lo creas, pero no la aguanto.
—Yo la he visto en sus festivales y parece agradable.
—Y no te digo que no lo sea, pero está claro que no nos soportamos el uno al otro.
Julie y yo somos como el agua y el fuego, bajo control podemos mantenernos en calma, si saben como tratar con nosotros somos inofensivos, pero cuando llegamos a nuestro límite, explotamos y provocamos catástrofes sin siquiera inmutarnos.
Somos como el agua y el fuego, incapaces de permanecer en el mismo lugar sin dañar al otro.
—¿Podemos hablar de otra cosa? Suficiente tengo con verla todos los días.
—¿Alguna vez has jugado al "Adivina quién soy"?
No hay duda de que acaba de inventarse el nombre.
Según ella, el juego consiste en intentar adivinar la vida de las personas que vemos a nuestro alrededor.
Creo que se lo ha inventado todo sobre la marcha.
—Eso es injusto. Tú vives aquí, conoces a la mayoría de la gente.
—Que vivamos en un pueblo no significa que conozca a absolutamente todo el mundo —se defiende—. Si llega alguien que conozco, lo haces tú, y si no, pues lo echamos a suertes.
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Las Cinco Amapolas
Storie d'AmoreSiempre se ha dicho que del odio al amor hay un solo paso, pero ellos preferirían tirarse por un precipicio antes que darlo. Julie lleva trabajando en el rancho de su familia desde que tiene uso de razón. Todos en el pueblo la adoran, a ella y a su...
