46| Perdones fallidos

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JULIE

Cuando abro los ojos, lo primero que se me pasa por la cabeza es la discusión que tuvimos ayer, como si no hubiera desaparecido de mi mente durante la noche y tuviera la necesidad de seguir dándole vueltas al despertarme.

Siento el brazo de Ryan bajo mi cuello y no dudo en darme la vuelta para observarlo dormir. Sus facciones están relajadas y su respiración va acompasada, a pesar de que un par de pequeñas ojeras empiezan a formarse bajo sus ojos. Por poco se siente como si no hubiera pasado nada y fuera una mañana cualquiera.

No hay tensión, no hay vergüenza, no hay rabia. La paz nos rodea como siempre lo ha hecho.

Extiendo mi mano hacia él y empiezo a jugar con los cortos mechones de su cabello alborotado. Delineo su rostro con mi dedo mientras pienso en todo el dolor y rompederos de cabeza que conlleva querer a una persona de la manera en que lo quiero.

Ayer las cosas se salieron de control.

Sé que Ryan reaccionó contra lo que para sus ojos era una infidelidad y entiendo que sus acciones fueron entendibles para la que él creía que era la situación, pero yo sentí que no podía dejar que me gritara de esa manera y me ignorara durante toda la noche sin siquiera intentar hablarlo conmigo.

Y también sé que yo hice lo peor que podría haber hecho al insinuar que no sabía si le seguía queriendo.

Ambos estábamos enfadados, pero esas no son las maneras con las que quiero arreglar nuestros malentendidos de ahora en adelante.

Quiero solucionar esto. Quiero que, cuando Ryan despierte, tengamos una conversación como la pareja adulta que somos, que hablemos y expliquemos cómo nos sentimos, que nos pidamos perdón y que sigamos hacia delante más fuertes que nunca.

Porque todas las parejas tienen su primera discusión en algún momento u otro, pero no pienso ser el tipo de persona que lo deja pasar y hace como si no hubiera ocurrido nada hasta que la bola se hace tan grande que es imposible de controlar.

Sigo acariciando su pelo y, sin detenerme a pensarlo, acerco lentamente mi rostro hasta dejar un casto beso en su hombro desnudo.

Dejo mis labios allí varios segundos, disfrutando el momento de tranquilidad, pero no tardo en alejar mi rostro de él como si quemara.

La mirada de Ryan está sobre mí, segura y expectante. La tensión parece volver a hacerse hueco entre nosotros.

Es evidente que ha sentido mi beso, pero ambos hacemos como si nada hubiera pasado.

—Hola —susurro.

—Hola —responde con la voz mucho más grave de lo normal.

—¿Has dormido bien? —Es lo único que se me ocurre preguntar.

—No he dormido.

Mis ojos salen disparados hacia los suyos. Dice la verdad, no ha dormido en toda la noche, lo veo en su mirada.

Me sabe aún peor que no haya podido pegar ojo por mi culpa, por lo que le dije, pero eso también significa que ha estado sintiendo mis caricias todo este rato y no ha dicho nada. Aunque tampoco me ha apartado.

Puedo sentir la chispa de esperanza encendiéndose en mi interior.

Al otro lado de la puerta se escucha a mi familia ir de un lado a otro con entusiasmo, como siempre suele pasar. Ambos lo escuchamos, pero ninguno parece estar dispuesto a salir con ellos. Hasta que decido hablar.

Las Cinco AmapolasHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora