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RYAN
—Tened cuidado, niños —dice Patri, agarrando las mejillas de Julie mientras espero en el rellano—. Pasadlo bien y disfrutad la noche.
Parti lleva cinco minutos reteniendo Julie y todavía no parece completamente dispuesta a soltarla. Se piensa que, al venir de Texas, no entiende todos los peligros que puede llevar la noche a sus espaldas. Tal y como le habla sobre cómo es Nueva York cuando el sol se pone, me sorprende que Julie no decline mi invitación y quiera pasarse las próximas horas escondida en la habitación.
Ella los abraza y les asegura que iremos con cuidado, como si no quisiera salir por la puerta sabiendo que ellos estarán preocupados por lo que nos pueda pasar.
Es evidente que les ha cogido mucho cariño a Patri y Carlos en los pocos días que llevamos aquí, y eso es algo que me sigue demostrando lo importante y única que es. Julie es de esas personas que se preocupan infinitamente por los que le importan, y me encanta que ellos dos hayan pasado a ser parte de ese exclusivo grupo.
Se preocupa por ellos, como hizo conmigo en el cementerio. Sonrío tan solo al pensar en la fina cadena que rodea mi cuello y en su gemela, que reposa junto a Marcos. Puede que sea una tontería, pero siento que este pequeño objeto me une a él de una manera que no creí que volviera a ser posible. Y todo es gracias a Julie.
Me asusta pensar en lo que habría pasado si me hubiera alejado tan solo darme cuenta de todo lo que sentía por ella. Sé que ella me habría llamado y yo habría cambiado de número para olvidarla por completo. Sé que me arrepentiría y querría volver, pero me prohibiría a mí mismo hacerlo. Sé que saber que ella estaría bien sin mí haría que todo el dolor valiera la pena. Sé que no me habría permitido pensar en lo que podría haber pasado entre nosotros, habría quemado todos nuestros recuerdos. Y sé que me arrepentiría por ello.
—¿Vamos? —La voz de Julie me saca de mis pensamientos.
Está frente a mí, vistiendo un precioso vestido de seda morada junto con una corta chaqueta algodonada y dejando que las delicadas ondas que se ha hecho en el cabello caigan sobre sus hombros.
—Vamos.
Agarro su delicada mano entre mis dedos y la guio hasta el coche de Carlos.
Sin siquiera pensarlo, abro su puerta y me mantengo al lado para ayudarla a subir.
Es imposible no notar la manera en la que su rostro enrojece cada vez que hago cosas como esta. Supongo que no está acostumbrada a que la traten así, pero es lo mínimo que recibirá mientras esté conmigo. Se merece mucho más aparte de que le abran la puerta o le digan lo preciosa que está, y deberá acostumbrarse a ello.
—Adelante, bella dama —bromeo, intentando transmitirle tranquilidad, a pesar de que ella se pone aún más colorada.
—Gracias.
Es extraño verla actuar de esta manera conmigo, tímida, relajada, expectante, pero no lo cambiaría por nada.
Me subo tras el volante, pero ninguno vuelve a hablar hasta que salimos a la carretera.
—¿Cómo se llama el restaurante? —pregunta.
—Vamos al Fiorella's.
Incluso mirando al frente puedo ver la manera en la que Julie se gira con los ojos abiertos por completo y su mandíbula amenaza con tocar el suelo.
—¿Qué? —pregunto con diversión.
—¡¿Vamos a cenar al Fiorella's?! ¿Al Fiorella's Fiorella's?
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Las Cinco Amapolas
RomantikSiempre se ha dicho que del odio al amor hay un solo paso, pero ellos preferirían tirarse por un precipicio antes que darlo. Julie lleva trabajando en el rancho de su familia desde que tiene uso de razón. Todos en el pueblo la adoran, a ella y a su...
