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RYAN
"Ryan, tal y como están las cosas, nos vemos en la obligación de expulsarte y anular tu matriculación de manera permanente".
Las palabras del Director de la Universidad resuenan en mi cabeza desde hace tres días.
En cuanto llamó para que fuera a su despacho, supe que no serían buenas noticias. Estuve escuchando sus razones durante varios minutos, pero lo cierto es que ni siquiera intenté oponerme a su decisión o pedir otra oportunidad. Me extrañaba que todavía no me hubieran echado. No dije nada en absoluto, simplemente me levanté y me dispuse a salir por la puerta, solo pensando en las ganas que tenía de volver a mi casa y dormir.
Fue evidente que él no pasó por alto mi indiferencia.
Antes de que nunca más volviera a verme, dijo: "Ryan, no me puedo llegar a imaginar por lo que estás pasando, pero creo que te vendría bien un cambio de aires".
Otro simple movimiento de cabeza es lo que recibió de mi parte.
Todavía no entiendo por qué le importa lo que hago con mi vida. No es mi amigo, no es mi padre y ahora tampoco es mi Director. No tiene ningún derecho a opinar sobre mi vida. Supongo que por eso me tomé cada palabra que salía por su boca como si fuera dicha por un desconocido cualquiera.
"¿Tienes algún lugar en el que quedarte?".
Era obvio que no hablaba de mi casa, era de allí de donde me animaba a alejarme, por lo que la imagen de mi tío Fred apareció en mi cabeza.
Fue entonces cuando asentí con cautela, respondiendo con sinceridad por primera vez en toda la conversación.
En ese momento no le tomé mucha importancia a lo que estábamos hablando, pero ahora, una semana después, esperando a que anuncien la salida de mi vuelo hacia Texas, me pregunto cuando fue la última vez que vi a mi tío.
Al llegar a casa después de la charla con el Director, me quedé plantado en medio del salón y observé todo lo que había entre aquellas cuatro paredes como si no conociera al dueño del lugar.
Recordé que mi madre guardaba una pequeña agenda telefónica en el mueble de la entrada y no pasó más de un minuto antes de que me encontrara marcando el número y esperando que alguien al otro lado contestara.
No voy a negar que la conversación fue como mínimo incómoda.
Estoy seguro de que llamó a mis padres tan solo colgar mi llamada, pero no creo que eso cambie nuestra situación. No recuerdo la última vez que hablamos. Ellos van de viaje en viaje y yo no suelo responder a sus mensajes.
—Pasaporte —pide el hombre uniformado frente a mí.
Es tal y como te imaginarías a un guardia de seguridad en un aeropuerto. Corpulento, calvo y de mirada fría. Sella cada pasaporte con fuerza, incluido el mío, para después dejarnos seguir con nuestro recorrido por el aeropuerto.
Paso la siguiente hora sentado en uno de los pasillos, esperando escuchar la llamada a los pasajeros, viendo como cada vez hay más gente ansiosa ocupando los sillones a mis lados.
—Estimados pasajeros con destino a Austin, Texas —dice una calmada voz por los altavoces—. Se les informa de que, debido a cuestiones meteorológicas, el vuelo se aplazará unas horas. Gracias por su paciencia y comprensión.
Los resoplidos de la gente a mi alrededor no tardan en hacerse notar, provocando que enarque las cejas con pesadez. ¿Creen que poniéndose así conseguirán que el vuelo salga antes? Por muy enfadados o ansiosos que estén, no conseguirán que las cosas avancen más rápido. Nunca lo hacen.
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Las Cinco Amapolas
RomanceSiempre se ha dicho que del odio al amor hay un solo paso, pero ellos preferirían tirarse por un precipicio antes que darlo. Julie lleva trabajando en el rancho de su familia desde que tiene uso de razón. Todos en el pueblo la adoran, a ella y a su...
