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38| No más rodeos

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RYAN

—No podemos seguir así, Julie.

La mantengo apoyada contra la pared del granero, con mi cuerpo sobre el suyo, besándola como si el mundo fuera a acabarse en unos segundos. Deseo cada instante de este momento, pero separo mi rostro del suyo para decirle algo que llevo callándome estos últimos días.

Hay algo que ya no se siente igual.

Hace una semana que volvimos de Nueva York y desde entonces no hemos parado de besarnos y arrinconarnos a cada instante, agarrándonos de la mano y susurrándonos cosas al oído, pero ha llegado un punto en que siento que las cosas ya no son iguales.

Me concentro en ordenar mis pensamientos mientras sus confundidos ojos verdes me observan, a la espera de lo que tengo que decir. 

—No puedo seguir así.

—¿A qué te refieres?

—Pues que no podemos seguir así, Julie —digo como si esas simples palabras lo explicaran todo.

No es complicado ver el desorden que amenaza con arrasar en su cabeza.

—Esto ya no se siente igual que antes —sigo—. Necesito que sepas como me siento con esto.

—No entiendo a qué te refieres, Ryan —insiste. Sus ojos empiezan a aguarse—. ¿A qué te refieres?

A mí me duele tanto como a ella hacer esto.

—Hay cosas tienen que cambiar.

Ella me mira fijamente, como si intentara leer en lo más profundo de mí, y por un momento, temo que lo haga.

—Ryan. ¿Qué pasa?

Me mantengo firme, impasible. Lo que tengo que decirle es algo realmente importante y no quiero que nada eche a perder mis palabras.

Julie sigue con sus pupilas clavadas en mí.

Respiro profundo. Cierro los ojos. Cuando los abro sé que es el momento. Nuestras miradas conectan.

—Julie Sanders, ¿querrías ser mi novia?

Por un segundo, mis manos tiemblan en su cintura. La siento suspirar con alivio, como si hubiera estado manteniendo la respiración todo el rato, y puedo ver que las lágrimas en sus ojos no saben qué hacer.

Toda ella está alborotada, sin saber si llorar o pegarme por el susto, mientras una traviesa sonrisa se expande por mi rostro.

—¡Me has asustado! —grita, apartándome de ella con un pequeño empujón—. Pensaba que no querías volver a verme o algo así.

—Lo siento mucho, Country —rio con ella.

De verdad siento haberla asustado, pero es cierto que debe haber cambios en lo nuestro. No puedo aguantar más, quiero ser su novio.

Aún parece nerviosa cuando empieza a caminar de un lado a otro del granero como si quisiera sacudirse miles de hormigas de encima.

—Solo a ti se te ocurriría pedirme que fuera tu novia así—dice, aún sin detenerse—. ¿Cómo has podido? Casi se me sale el corazón por la boca. La gente suele ser romántica en momentos como este, ¿sabías? A veces eres un grano en mi culo.

Se mueve tan rápido que apenas puedo agarrarla por la cintura antes de pegarla completamente a mi cuerpo para después besar su mejilla.

—Lo siento. Si me dejas, te lo vuelvo a preguntar románticamente.

Las Cinco AmapolasHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora