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RYAN
—Cielo, por favor, no nos hagas esto —dice Hank, intentando no perder la cordura.
—Julie —me oigo a mí mismo decir.
Ambos seguimos sobre la puerta, pendientes a cualquier reacción por su parte.
—¿Está bien? ¿Respira? —pregunto mientras su padre sigue inclinado sobre ella.
—Sí que respira —dicen él y Krystal a la vez.
Se me había olvidado por completo que ella estaba con nosotros.
—Me he asegurado antes de que llegarais. Respira y no tiene heridas grandes por ninguna parte, solo moretones y cortes por los cristales que se han roto.
Le doy un genuino asentimiento agradecido, aun sin llegar a pensar ni entender su repentino cambio de actitud. A pesar de que eso es lo que menos me importa ahora mismo. Solo quiero sacar a Julie de aquí y asegurarme de que se pondrá bien.
El nerviosismo de Krystal es evidente, y las lágrimas no dejan de caer por sus ojos, pero ninguno de los dos está pendiente de ella. Tenemos que sacar a Julie de aquí.
Hank saca a Julie con extremo cuidado de la camioneta mientras yo procuro que su pequeño cuerpo no se golpee con ningún cristal ni hierro a su alrededor.
Su cuerpo está completamente helado y se me encoge el pecho al saber que eso no puede significar nada bueno. Mi cuerpo quiere congelarse con ella. Esto no puede estar pasando. Si no fuera por sus suaves mejillas rosadas, pensaría que ya se ha ido.
—¿Ha sido mi culpa, verdad? —llora Krystal a nuestras espaldas—. Es mi culpa. Si muere es por mi culpa, ¿verdad? Yo hice que os pelearais y...
—Ahora no puedo con esto Krystal —le digo, aún con mi mirada sobre Julie—. Vuelve a entrar en tu casa.
Creo que asiente mientras nosotros nos alejamos, con Julie en los brazos de su padre, hacia la camioneta con la que llegamos.
—Llama a Herbert y dile que vaya al rancho —le grita Hank—. ¡Ya!
Sale corriendo hacia su casa tan solo escuchar sus alaridos. Lleva su teléfono en la mano y no tarda en acercárselo a la oreja.
—¿Por qué a Herbert? —pregunto mientras abro la puerta trasera.
—Estamos a varias horas del hospital más cercano. Herbert trabajó allí antes de ser el médico del pueblo, sabrá qué hacer.
Me meto en los asientos traseros y ayudo a Hank a hacer lo mismo con Julie. La dejamos estirada, con su cuerpo encogido y su cabeza sobre mis piernas temblorosas.
Le acaricio el cabello, como ella hizo conmigo esta mañana, pero ahora nada se siente igual que entonces.
Llegamos al rancho cuando Carol se encuentra abriendo la puerta principal para nosotros.
—Herbert está en el cuarto de Julie.
Paso frente al salón con las miradas asustadas de Greta y Ava puestas sobre el débil cuerpo que cargo en mis brazos.
La dejo sobre el colchón con extremo cuidado, con las miradas de Herbert y Hank sobre mí, pero el doctor no tarda en hacernos salir a todos de la habitación.
Pasamos más tiempo del que soy capaz de recordar en el salón, esperando mientras el médico la examina con esmero.
Creo que nadie se podría imaginar lo agradecido que estoy con Herbert por haber venido tan rápido. Lo conocí durante mi primera semana de trabajo y no puedo negar que su carácter me asustó, pero lo admiro y aprecio por estar haciendo todo lo que puede por ella.
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Las Cinco Amapolas
RomanceSiempre se ha dicho que del odio al amor hay un solo paso, pero ellos preferirían tirarse por un precipicio antes que darlo. Julie lleva trabajando en el rancho de su familia desde que tiene uso de razón. Todos en el pueblo la adoran, a ella y a su...
