Ares
Me duele insoportablemente el cuerpo, me levanto de la cama de Elizabeth, resulta que el padre se iba a quedar a dormir aquí, pero me vio y se fue para otra habitación. Sin embargo, en la noche me levanté al escuchar la puerta abrirse porque pensé que era Leto y me traía algo de comer, la pizza de anoche no me lleno casi y me daba pena pedir un poco más porque Amelia estaba enojada. Por desgracia, no era nadie y me asusté un poco.
¿Será porque estaba muy cansado?
En la mañana antes de salir de la casa, me despedí del padre adoptivo de Elizabeth avisando que estaré en casa de Hades, claro, yo lo llame por su falso nombre. En el camino de la casa de Hades, encontré un arbusto de rosas, me inquietaron bastante cuando las vi y más, la persona que las regaba. Esas rosas no tenían ningún rojo vivo, estaban apagadas y casi sin vida. La persona que las riega no me da buena espina y la sonrisa forzada que me regaló me lo confirma más.
¿Quién eres?
No se si es hombre o si es mujer, aun así, su presencia no me agrada.
Es la primera vez que veo a esa persona por aquí...
Y ahora estoy aquí, acostado en la cama de Hades escuchando después de analizar lo que pasó hace unos minutos... No sé cómo decirlo, ¿sobre Leto?
—¡¿Cómo es posible que Hermes haya aparecido?! ¡¿No se supone que él también murió?! —me tira una almohada que cae en mi abdomen.
—Realmente no. Cuando estuvimos en la Casa Hogar, él seguía en el hospital recuperándose, antes de que fuéramos adoptados, —le devuelvo la almohada de la misma manera que él lo hizo— y para tu información, si la llego a golpear más de una vez afuera del Orfanato y como quedó débil por el estupido medicamento, no se podía defender por completo. ¿Continuo?
—Ese desgraciado, hijo de...
Se queda callado aventando otra almohada que casi rompe una ventana de tanta fuerza con la que la lanzó.
—Se quedó en Snicke, ¿verdad?
—Ya quisiéramos que no apareciera en nuestras vidas —él frunce el ceño y yo giro los ojos, estoy tratando de ser lo más obvio posible—. Él está aquí con Hera hace casi un año, descubrieron nuestras identidades y donde estudiamos, posiblemente ya saben hasta dónde vivimos.
—¡¿Qué?!
—Pensé que ya te había cruzado con él.
—La última vez que me crucé con ese intento de humano, fue en el incidente de la cafetería.
—Ah, cómo olvidarlo... —suspiro recordando ese momento en la cafetería— No parabas de mirar a Leto, entonces, ¿Hercules tuvo razón cuando dijo que te gustaban las guitarristas?
Por si no sabían, Hercules es Gabriel... Espero no estar confundiendo.
—Él lo dijo por mi expareja que tuve hace años.
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Maldición Rota
RandomDos ciudades donde rondan los tres peores asesinos. Dos personas tienen una hija pequeña y la otra que es una adolescente, jamás se habrían arrepentida tanto en la vida... Hay un orfanato... Donde se incendio, nadie sabe quién lo provocó o eso parec...