Capítulo 130: Si tocas mis galletas tocas el cielo, ¿cómo ves?

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Arte: yoquierodibujar

Aclaración: De acuerdo con las reglas actuales de Wattpad, se afirma que todos los personajes (implicados en situaciones sentimentales y eróticas) tienen 18 años o más, son mayores de edad.

Este capítulo tiene relación con el 98. Así es.


A Kyle le había dado tanta vergüenza su casi caída que ni siquiera pudo decirle nada a Eric, aunque prácticamente lo cargó de la tina al baño, y lo dejó desnudo, tiritando y sin poder moverse, no después de aquel susto reciente.

Luego olvidó a dónde fue Eric. Le había pedido que se fuera, pero ahora que lo dejó tirado ahí se preguntaba por qué carajo le hizo caso.

— ¡Eric! —llamó casi gritando, pero con cierto temblor provocado por los escalofríos de haber salido no hace mucho del agua tibiecita. Gruñó bajito por cómo salió aquello, así que con su idea mensa de independencia, decidió alcanzarse una toalla por sí mismo.

No estaba muy lejos, de todas formas. Alcanzó a ver otra como la de Eric a una estirada de distancia. Lo detuvo una horrible sensación de caída-no caída. Tuvo un pequeño sentón cuando la tapa de la taza cedió y se ahuecó. Se levantó un poco para que la tapa volviera a la normalidad, pero la insistencia de estirarse finalmente agrietó la tapa por en medio. Soltó un grito de la impresión y buscó evitar la grieta para que no siguiera rompiéndose.

— ¡Eric, carajo! —gritó ahora más fuerte, ya desesperado y apenas sosteniendo la tapa y su propio cuerpo y de paso sus ganas de vivir. ¿Cómo habían ocurrido tantas cosas en su vida para llegar a esa jodida situación?

Eric tenía el trapeador en la mano cuando escuchó el grito de Kyle y corrió de regreso pensando que se había caído. Abrió la puerta cuando Kyle gritaba de nuevo y tiró el trapeador para acercarse rápidamente a él. Mala idea. Había resbalado con el agua para terminar cayendo sentado a los pies de Kyle.

Por alguna razón cuando entró Eric, Kyle se cubrió la entrepierna y lo que sea que habría salido de su boca no fue tan rápido como el castaño. Hasta el resbalón pareció como un método para acercarse más rápido, cual pingüino en el hielo. De alguna manera eso le sacó el mal humor, o por lo menos lo reprimió para no burlarse del castaño. Eran tantas cosas que se mezclaban y no podía procesar todo.

— Mierda —se quejó antes de levantarse y ayudar al pelirrojo a sostenerse—. Parece que envejecimos cincuenta años de un momento a otro —se burló de ambos y se estiró para tomar la toalla extra y acomodarla en la cabeza de Kyle para secar sus rizos rojos—. ¿Qué sucedió? —preguntó sin entender por qué el judío había gritado.

— Yo, ah... —Kyle echó un vistazo de culpa a la tapa toda rota donde estaba sentado, pero luego tomó la toalla de su cabeza para enredarla en sus caderas—. Tenía frío. Sí, ya somos viejos, poco nos falta para ver Anatomía de Grey —concedió negando con la cabeza mientras echaba un vistazo al suelo mojado.

— Veré si hay más que unos sándwiches para comer, te dejo el baño —organizó, tratando de enfocarse en el momento—. Así como lo ves nos lo entregaron, eres testigo —trató de excusar cualquier desperfecto que Eric notara después, mientras avanzaba con cuidado hacia la puerta. Iría antes al cuarto para cubrirse un poco más.

Eric observó al pelirrojo salir con cuidado del baño y se quedó viendo la puerta cerrada un poco más. A su alrededor todo se veía caótico: agua en el piso, espuma saliendo de la bañera, la tapa del retrete parecía rota y la toalla que había estado cubriendo su propia cintura ahora estaba en el suelo completamente empapada. Kyle le había pedido que se apresurara solo para... ¿salir de ahí? ¿Qué diablos había sido eso?

¿EL KYMAN ES REAL?Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora