21: Solo una tarde

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La espera se me hacía eterna, y me empezaba a impacientar.

- Listo.- dijo Max enderezándose y sacudiendo sus manos.- Aquí tienes tu anillo.- dijo tendiéndomelo.

- Bien, ahora ayúdame con mi gato.- contesté colocándome el anillo en el dedo corazón de la mano derecha.

- De nada por arreglar tu fregadero, recuperar tu anillo y evitar la posible inundación de tu casa por culpa de tu fregadero, no te preocupes, no hace falta que me lo agradezcas.- dijo algo molesto mientras se colocaba su camisa al hombro.

- No seas crío y ayúdame. ¿Qué hacemos con él?

- A mí no me mires, he sido fontanero pero no voluntario en un zoo.- contestó levantando ambas manos.

En ese mismo instante, la puerta de mi apartamento se abrió sin previo aviso.

- Dios mío Nat, tengo algo importantísimo que...- comenzó a decir Ellen, aunque se interrumpió al ver a Ryuk atrapado entre la nevera y el techo, y a Max con la camisa al hombro.

Sí, sin duda comenzaba a creerme que el panorama de mi casa era extraño.

- ¿Qué... qué está haciendo él...? ¿Y... por qué está sin...?

- No pienses mal.- le advertí.- Recuerda que es mi casa, aquí pasa de todo. Ahora deja el maldito bolso de piel de cocodrilo en el sofá y ven a ayudarnos.

- Voy.

Ellen dejó el bolso y las copias de mis llaves sobre la mesita de café y se remangó la camisa mientras avanzaba hacia nosotros.

- ¿Me podéis explicar lo que ocurre?- preguntó.

- Solo prepárate para coger a Ryuk, Max y yo moveremos la nevera para que salga de ahí y así pueda bañarlo.

- ¿"Max y yo"? ¿Cómo que "Max y yo"?- dijo él.- Yo ya he hecho mi parte antes, vosotras moveréis la nevera y yo cogeré al gato.

Y así hicimos, puede que algo molestas por nuestra parte, pero aceptamos el trato. Movimos levemente la nevera, evitando dañar a Ryuk, ya que ese tampoco era el plan.

El gato, tras ciertos maullidos en modo de quejas saltó de la nevera a los musculosos brazos de Max, el cual consiguió atraparlo sin ningún problema.

Como dato informativo, Max continuaba con la dichosa camisa en el hombro.

- ¿Y ahora?- dijo Max meciendo al gato, el cual comenzó a ronronear entre sus brazos, algo que raras veces hacía conmigo.

- Ahora vas a irte de mi casa, si quieres por la puerta o saltando de nuevo el muro.- dije mientras me acercaba a él y cogía a Ryuk de sus brazos evitando rozar la piel de mis manos con la de su torso, algo que fue imposible.

- En ese caso, buenas tardes señoritas.- dijo antes de salir a mi terraza, abrocharse la camisa y saltar de nuevo a su apartamento.

Junto a Ellen, llevé a Ryuk hacia el baño. Cerré la puerta para evitar su huida y preparé el agua y sus productos de baño.

- Admítelo, no es tan mal chaval.- dijo entre risitas.

- No empieces, Ellen.

- Solo trato de abrirte los ojos a la realidad.

Negué con la cabeza mientras cargaba a Ryuk y lo metía lentamente en la bañera. Ellen salió al escuchar el timbre. Supuse que era Edward ya que no volvió.

Me encontraba enjabonando la ancha barriga de mi gato mientras el ronroneaba con los ojos cerrados.

- De verdad, no sé por qué odias tanto el baño si al final lo acabas disfrutando de esta manera.

El gato estiró sus patas antes de que lo sacase de la bañera y le secara y peinara el pelo.

Tras la sesión de baño salí hacia el salón junto a Ryuk. Como ya había deducido se encontraba Edward sentado en el sofá mi salón junto a Ellen.

- Hola Edward, ¿qué haces aquí?- pregunté.

- Tenía que hablar contigo. Verás, mañana Ellen y yo hemos pensado en pasar un día completo en pareja, y... ¿te gustaría quedarte mañana con Max?

- ¿A qué viene esa pregunta? ¿Tengo que hacer de niñera o qué?- contesté molesta.

- No, no lo estás entendiendo Nat.- dijo Ellen.- Mañana Max se quedará solo, Edward se va y Archie, creo, que se iba a casa de sus padres.

- ¿Y cuando entro yo en el plan?

- Los dos estaréis solos, uno al lado del otro. Solo os separa un callejón sucio.- comenzó Edward.- A parte, necesito que Max se divierta, desde la pelea que tuvo en el bar está bastante... tenso. Es como si su sexto sentido se hubiera despertado, y últimamente está mucho más pendiente de lo que ocurre a su alrededor.

- Podréis pasar el día, no sé... ¿en el parque de atracciones? Ambos os divertiréis.

- Y además, me contó lo que ocurrió en la sesión del parque.- continuó Edward, algo serio.- Me dijo que perdiste los papeles y comenzaste a gritar a pleno pulmón. Dijo que al menos conseguiste desahogarte.

- ¿Qué? ¿Por qué no me contaste eso? ¿Qué era lo que te angustiaba tanto?- dijo Ellen.

- Es algo que no he querido contarle a nadie y así seguirá.- contesté.

- Eso no es así, se lo confesaste y confiaste a Max, y eso nadie puede desmentirlo.- Edward se levantó del sofá y caminó hacia mí con semblante serio.- Nat, solo será una tarde. Habrás acabado de salir de la oficina y no hay plan mejor para despejarte que pasar una tarde fuera de casa. No sabes lo que tendrá que soportar Max de aquí a unos meses. Para él será una presión en el trabajo mil veces mayor que la tuya, quiero que al menos sus últimos meses antes de comenzar de nuevo no lo haya pasado encerrado en un apartamento que ni siquiera es el suyo. No intento que ahora te de pena pero, aunque no lo hagas por él,- dijo mirando por la ventana, donde se podía ver a Max sentado en el sofá botando una pelota contra la pared.- al menos hazlo por mí.

Si todo lo que contaba era cierto, entonces me negaba a decir que no. Nadie me aseguraba que Max no fuera un importante abogado, juez o incluso un mayor ejecutivo que Martin que llevase el peso de toda una empresa exitosa sobre sus hombros.

- Está bien, no puedo decirte que no.

- ¡Gracias, gracias, Natacha!- dijo Ellen abrazándome.- Te prometo que te devolveré el favor, ¿vale?

- Más te vale.- le contesté con una sonrisa antes de que ella me besara la mejilla repetidas veces.

- Zanjado este asunto,- dijo Edward.- será mejor que nos vayamos, ¿no Ellen?

- Sí, mañana hablaremos.

Tras despedirse y cerrar la puerta me dejé caer en el sofá, justo al lado de Ryuk. Encendí la televisión, sin siquiera prestar atención a lo que estaban emitiendo en esos momentos.

Me incorporé para cerrar la ventana que estaba justo tras el sillón, posé mi mirada en Max, en lo que hacía. Seguía en el salón, se paseaba de un lado a otro mientras se mordía las uñas, justo tras él estaba Archie. Parecían tener algún tipo de discusión leve.

Decidí no ser una entrometida y, simplemente, bajé la persiana y corrí ambas cortinas. Me acosté con el miedo de saber cómo se desenvolvería todo al día siguiente. No es que Max y yo nos llevemos muy bien, aunque eso ya es algo evidente.

Cómo ser la Torpe perfecta.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora