Decir que la repentina pregunta de Archie me pilló por sorpresa, se quedaba corto. Miré de un lado a otro rápidamente, antes de volver a dirigirme a él y acercarlo bruscamente a mí, agarrándolo por la camiseta.
- ¿Quién te lo ha contado?- susurré cerca de su rostro, al borde de un ataque de nervios, ya que Max estaba solo a unos metros de nosotros.
- No te lo diré, al igual que tú hiciste conmigo.- dijo, agarrando mis muñecas para finalmente soltarse.- Y más te vale contármelo todo desde el principio.
Aparté la mirada y tensé la mandíbula. Archie suspiró y volvió a apoyarse sobre el respaldar de la silla, metiendo sus manos en los bolsillos de su chaqueta. Finalmente dijo:
- ¿Confías en mí, Nat?
- Ya te he dicho que sí.- contesté, mirando al suelo antes de volver a observarle.- Archie, no quería que nadie lo supiera ¿vale?- continué, apretando mis puños.- Ya me basta con que mi madre y Ellen estén con las tonterías de intentar dejarnos a solas, creyendo que así me ayudan, ¡pero solo lo empeoran, ¿sabes?! ¡Joder, sé que esto va a sonar muy típico, pero no es fácil! ¡Es como intentar decirle al tu ídolo que tienes su foto guardada en el cajón de tu ropa interior!
Archie se quedó impasible, como si por fin pudiera entender realmente mi posición. Sonrió levemente y volvió a acercarse a mí.
- Lo siento. Siento haber tenido que forzarte a decirlo, no sabía que tenías tantas inquietudes al respecto.- dijo volviendo a sonreír al verme imitarlo.- Y tendré que pedirle disculpas a Ellen, ella me advirtió que era mejor que no...
Nada más escuchar el nombre que pronunció la sonrisa se borró de mi rostro. Archie se cubrió la boca con la mano izquierda nada más percatarse de que había dicho el nombre de aquella personita misteriosa que le había facilitado la información.
- Yo la mato...- susurré levantándome precipitadamente.
- N-no, ¡Nat, espérate! ¡No hagas lo que sé que vas a hacer!- dijo tratando de coger sus muletas y seguirme el paso.
Ignoré sus súplicas y, enfadada, anduve hacia la salida de la carpa. La había visto salir hacía ya un rato y sabía con certeza que no había vuelto, por lo que debía seguir dentro de la casa. La luz encendida de su habitación confirmó mis sospechas.
Seguí mi camino, dando zancadas de gigante, le iba a caer una buena bronca. De repente, alguien me tomó del brazo de forma inesperada. Al girarme, toda mueca de enfado se esfumó dejando paso a un leve sonrojo.
- ¿Qué te pasa?- dijo Max, sin soltar mi muñeca.- Archie vino corriendo hacia mí nada más saliste de la carpa, me dijo que estabas cabreada.
- Max, esto no te incumbe.- respondí alejándome de él para cruzar las puertas que daban a la cocina.
- ¿Qué no me incumbe? Por tu cara creo que sí, y bastante.- contestó cruzándose de brazos.
- Max, por una vez te pido que me hagas caso y te vayas, no tengo ganas de hablar contigo.- dije volviendo a girarme, ignorándolo.
- ¡Bien, muy bien Nate!- dijo aplaudiendo a mis espaldas.- ¡La mejor forma de arruinar una amistad que he visto! ¡Te llevas el Óscar!- suspiró, mostrándome por primera vez su expresión seria.- Después de tanto tiempo hemos conseguido llevarnos medianamente bien, ¿qué te pasa conmigo? ¡Hace días que te noto distante! Y debo confesarte que no me gusta.- apartó la mirada e hizo una breve pausa antes de volver a mirarme.- ¿Fue por el día en el parque de atracciones? ¿Por la noche de la cucaracha? ¿O porque te cogí en peso delante de todo el mundo cuando preparábamos esa maldita cosa de ahí atrás?- dijo señalando la carpa que tenía a sus espaldas.
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Cómo ser la Torpe perfecta.
Literatura KobiecaNatacha Greens, una mujer sencilla de veintisiete años, como todas algo alocada, enamorada de la vida y su ciudad natal, Florida. Con un apartamento de lujo, un trabajo asegurado y... ¿a quién queremos engañar? Empecemos de nuevo. Natacha Gree...
