- Ed, ¿necesitas ayuda?- preguntó Ellen, al verlo meterse en el armario empotrado, empujando las cajas.
- No, no, voy bien.- contestó.
Ellen, con una sonrisa, negó con la cabeza.
No había sido consciente, hasta este momento, del tiempo que había pasado. Parecía que fue ayer cuando celebrábamos acción de gracias, y en realidad, fue ayer cuando celebramos año nuevo.
Nos encontrábamos todos reunidos en mi apartamento, recogiendo los últimos adornos navideños. Maxi y Erick estaban en mi cocina preparando la cena, mi madre hacía veinte minutos que se había metido en el baño, y Ellen, Edward, Archie y yo seguíamos guardándolo todo en las cajas.
De repente mi madre salió del baño, caminó hasta nosotros, no sin antes intercambiar una mirada cómplice con Erick, que sonrió de lado antes de volver a lo suyo. Extrañada, me quedé parada frunciendo el ceño. Mi madre se colocó delante de mí y se agachó para coger la caja a mis pies, la cual colocó al lado de Edward para que la guardara.
Me quedé mirándola, ¿qué me ocultaba? Se escuchó un portazo.
- Nat, te aconsejo que no vuelvas a abrir este armario en un tiempo, ¿vale?- me dijo Edward, asegurándose de que las puertas estuvieran bien cerradas.
- Bueno ya está todo, ¿no?- dijo mi madre colocando ambos brazos en jarra. Me quedé mirando su mano derecha, abrí los ojos como platos.
- ¡Bendito pedrusco!- exclamé agarrando su mano y mirando en anillo que llevaba en su dedo.
Todos nos miraron al escucharme decir eso, todos, excepto Erick, quien rio ante mi reacción. Ellen, como un rayo, se colocó a mi lado y verificó lo que había dicho. Se lanzó al cuello de mi madre abrazándola y felicitándola, tanto a ella como a Erick.
Sí, me acababa de enterar que mi madre se casaba.
- ¿Cuándo fue?- le pregunté a Erick, que ya se había colocado al lado de mi madre.
- Ayer, cuando llegamos a la finca.- contestó.- Se puso a llorar como una magdalena.- rio.
- A ver, ¡no me lo esperaba!- se justificó ella.
Erick besó su frente. La ternura que ambos desprendían como pareja llenaba la habitación y nos daba un ambiente familiar.
- No quiero fastidiar el momento, pero tengo hambre.- interrumpió Archie.
- Mira que eres glotón.- le dijo Max, desatándose el delantal.
Sentados ya en la mesa y disfrutando de una última cena antes de que cada uno diera comienzo a su vida laboral, decidimos pasar la noche contando anécdotas de cuando éramos más jóvenes, obviamente, mi madre no pudo evitar recordarme lo del paquete de chicles.
- ¿Y tú, Archie?- preguntó Erick.- ¿Te ha pasado algo digno de contar?
- Pues sí.- respondió, captando la atención de todos.
- Oh Dios, allá va.- susurró Max.
- Pasó estando yo en el instituto,- comenzó, obviando a Max y soltando sus cubiertos.- había una tía que no dejaba de despreciarme llamándome "gay" o "maricón de mierda"- explicó.- Pero, finalmente le di su merecido.- dijo sonriente, llevándose un bocado de carne a la boca.
- ¿Y qué hiciste?- dijo Ellen.
- Pues...- dijo tras tragar.- Le quité el novio a la muy zorra.
Edward escupió el vino que no había llegado a beber del todo, estallando de la risa. Todos, incluyendo a Archie, empezamos a reír por su anécdota. Verdaderamente, me lo imaginaba haciendo ese tipo de cosas, no parecía de los típicos que se cohibían ante cualquier insulto, así que vi normal que tuviera esa reacción tan... suya. Éramos un grupo único.
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Cómo ser la Torpe perfecta.
ChickLitNatacha Greens, una mujer sencilla de veintisiete años, como todas algo alocada, enamorada de la vida y su ciudad natal, Florida. Con un apartamento de lujo, un trabajo asegurado y... ¿a quién queremos engañar? Empecemos de nuevo. Natacha Gree...
