Habían pasado días que no conté. ¿Algo positivo que al menos me animaba? El artículo y el documental se publicaron justo al día siguiente de recibir la mala noticia de Max. No tenía ni idea de qué hora, y tampoco me importaba. Me había llevado acurrucada en la cama desde que volví del trabajo.
- Nat.- escuché a mis espaldas, cuando se abrió la puerta del dormitorio dejando pasar la luz del pasillo.
- Archie, por favor, déjame.- susurré. Tenía ganas de llorar, y sin embargo me sentía vacía después de tantos días haciéndolo.
- Tienes visita.- contestó.
Era consciente que Archie lo estaba pasando igual de mal que yo, pero por mucho que intentara cambiar mi actitud pesimista, ahora mismo simplemente no salía, y las putas pesadillas de poco ayudaban. Perezosa me levanté de la cama y, arrastrando los pies caminé hasta la entrada.
Alcé la mirada, al verle ahí parado sentí cómo mis ojos se humedecían. Estaba tan desolado como yo. No me di cuenta de cuanto le había echado de menos hasta que sentí su fuerte abrazo.
- Oliver...- susurré, aferrándome a su cuello. Apenas había cambiado de la última vez que le vi.
- Shh, no te contengas conmigo anda. Llora todo lo que tengas que llorar que sabes que me tienes para todo.- susurró.- Además, quiero que conozcas a alguien.
Me separé de él al oírle decir eso. Me sequé las lágrimas y miré por encima de su hombro. Hannah me sonrió cuando me vio, caminando hacia mí intentando contenerse. Hubo una razón por la que no me abrazó al verme: tenía en brazos a un recién nacido.
- Es una niña.- me susurró, meciéndola.- Se llama Natacha.
- ¿Qué...?- dije, incrédula.
- Hace un par de semanas que nació. Queríamos darte una sorpresa pero seguías en Zuyb.- dijo Oli, tomando a la pequeña entre sus brazos.
Miré hacia atrás por un momento, hacía rato que Archie se había encerrado en la habitación donde dormía. Junto a ellos dos me senté en el sofá, procurando que Ryuk no se acercara mucho a la pequeña. Ambos parecían felices, y sin embargo aquí estaba yo, amargándoles el día con mi fúnebre presencia.
- Ey.- reaccioné al notar la mano de Oliver sobre mi hombro.- Si hemos venido ahora es para hablar de lo que ha pasado.
- Nat sabes de sobra que nos puedes contar lo que sea.- explicó Hannah, arrodillándose delante de mí y tomando mis manos.
- Os he echado tanto de menos a los dos.- dije antes de que las lágrimas empezaran a correr por mis mejillas como llevaban haciendo desde hacía un tiempo.- Estoy cansada de llorar así... pero a la vez no puedo evitarlo. Cada vez que intento dormir sueño con él, me paso las noches en vela culpándome.
- ¿Por qué te culpas?- preguntó Oliver, con tono tranquilo.
- Porque si no hubiera sido por mí Max seguiría vivo.- contesté.
- ¿Y de dónde sacas eso? Oye, mírame.- dijo, dejando a la bebé junto a Hannah, tomó mi rostro entre sus manos.- No fue tu culpa, y quiero que esto te entre en esa cabecita. Ni se te ocurra seguir machacándote con esas mentiras.- con sus pulgares secó las lágrimas que iban corriendo por mis mejillas. Besó mi frente... de la misma manera que él hizo antes de que todo se derrumbara.
- Nat, desgraciadamente no podemos cambiar lo que ha ocurrido, y quiero que entiendas que es normal que estés destrozada, y que sepas que tienes la fuerza suficiente para superarlo poco a poco. Porque sabemos que es duro, y mucho más habiéndolo vivido como te ha tocado a ti.- dijo Hannah, sentándose a mi lado.
Miré a ambos, recordando por un instante las tonterías que hacíamos mucho antes de que ellos se casaran, nuestras quedadas improvisadas, y ahora con una hija en sus vidas... a la que le habían dado mi nombre. La miré, sin atreverme a cogerla.
Tras un minuto de silencio decidieron hablar de otra cosa. Sobre todo me contaron como fueron los meses en los que Hannah estuvo embarazada, sus raros antojos y manías, y por último el miedo que pasó Oliver cuando llegó el día de darle la bienvenida a su hija. Eran una familia adorable que con su simple presencia consiguieron animarme un poco.
El pasar de las horas acabó por obligarles a volver a casa, prometieron que mantendrían el contacto conmigo antes de salir de mi casa. Al cerrar la puerta caminé hasta la puerta del estudio y llamé.
- ¿Archie?- pregunté.- ¿Puedo pasar?
- Sí.- contestó.
Abrí la puerta con cautela, le vi tumbado en el sofá cama donde había estado durmiendo durante una semana casi. Me senté su lado, observando lo mismo que él miraba. La foto ya amarillenta en la que salía junto a Cole y Max, antes de esa fatídica misión de hace cinco años que marcó a ambos.
- Todavía soy tan iluso de creer que puede volver, ¿sabes?- dijo tras soltar un sollozo.
- Yo intento averiguar cómo hice para superar la muerte de mi padre, no recordaba que fuera tan duro.- contesté, colocando a Ryuk sobre el colchón. Hasta él parecía deprimido.- ¿Luna ha vuelto a llamarte?
- Me ha dicho que mañana al amanecer partiría el último avión de Zuyb, el que transporta a heridos y caídos en combate. Supongo que... Edward y Ellen irán a verificar el cadáver y llevárselo.
- ¿Cuándo será el funeral?
- El próximo martes.- contestó.- Dos días después de la boda de tu madre.
Le miré cuando se hizo el silencio. Se estaba tapando la boca con la mano izquierda, reprimiendo los sollozos para que no le escuchara. Tenía los ojos cerrados con fuerza. Pegué su cabeza contra mi hombro tratando de consolarle de la misma forma que él había hecho.
- Perdóname Nat...- susurró, entre lágrimas.
- Shh, deja que todo salga.- contesté acariciando su larga melena rubia.
- Perdóname... si hubiera insistido más la campaña se habría cancelado y Max seguiría aquí.
- No te lamentes por lo que pudo haber pasado y no ocurrió. Eso es lo peor que podemos hacer ahora.
Me quedé tumbada junto a él hasta que la noche cayó por completo. Se había quedado dormido abrazado a mis hombros. Con sumo cuidado logré separarme y, antes de salir, le tapé con una de las mantas. Cerré la puerta al salir y volví al salón. Ver que Archie se sentía tan culpable como yo me partía en mil pedazos.
- Ya voy.- dije cuando escuché que llamaban.- Ellen, ¿pasa algo?
- Edward está fatal...
- Me lo imagino.- contesté.
- No, no.- parecía devastada.- Le he pillado con un cuchillo en la mano Nat, quería... ha intentado suicidarse.- se tapó la boca con ambas manos cuando lo soltó.
- ¿Dónde está?- escuché que alguien preguntaba. Archie se había despertado al oír el timbre.
- En urgencias.- contestó.- Menos mal que entré en el baño justo a tiempo. Parecía que estaba como ido, cuando se percató de lo que había hecho no hacía otra cosa que disculparse. Le vendé como pude y lo llevé corriendo al hospital.
Cogí las llaves y junto a Archie salimos del apartamento rumbo al coche de Ellen. Al sentarme en el asiento delantero me di cuenta de que las alfombrillas estaban llenas de gotitas de sangre. No quería ni imaginarme el susto que ha debido de ser para ella.
Parecía que la muerte de Max nos había afectado mucho más de lo que creíamos.
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Pido perdón por haber publicado tan tarde el capítulo, pero ahora mismo estoy en Italia de intercambio xD
Disfrútenlo
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Cómo ser la Torpe perfecta.
ChickLitNatacha Greens, una mujer sencilla de veintisiete años, como todas algo alocada, enamorada de la vida y su ciudad natal, Florida. Con un apartamento de lujo, un trabajo asegurado y... ¿a quién queremos engañar? Empecemos de nuevo. Natacha Gree...
