Nicole es una chica demasiado ocupada y que no puede vivir como una joven debería hacerlo. Tiene que cuidar de su familia, y de sobre todo, su madre que padece Alzheimer. Ella sabe que su único lugar seguro es mirar las estrellas y perderse en ellas...
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Esteban había dicho que me amaba, y no solo eso, me había enumerado todas las razones por las que lo hacía.
Es posible que esté soñando, es por eso que no dudé en besarlo en cuanto acabó de hablar.
El beso lascivo amenazaba con convertirse en algo más; mis manos viajaron hasta su cuello, y enterré mis dedos en su cabello castaño, sintiendo la suavidad de ellos. Me tomó de la cintura con fuerza, y me pegó a su cuerpo, sentí cuan excitado estaba, solté un jadeo sin pudor.
Escuché una risita salir de sus labios.
-No te rías. -Me separé un poco de él para hablar.- Es la primera vez...
-No me burlo.
Lo miré con timidez, abrí la boca para decir algo pero las palabras se quedaron en mi garganta en cuanto volvió a besarme con necesidad.
-También la mía. -Se separó cuando faltó el aire. Entonces supe a qué se refería.
Me puse de puntillas para alcanzar su cuello, deposité pequeños besos en él antes de descender más hasta casi llegar a la parte superior de su pecho.
Su respiración se aceleró, sonreí sobre su piel. No me dejó continuar con mi ataque cuando llevó sus manos a mi culo y lo apretó, acortando la distancia que nos separaba. Abrí los ojos con sorpresa, y gemí sobre su rostro.
Volvió a juntar nuestros labios, con las manos me guió hasta quedar enfrente de la manta que estaba descubierta en el césped; antes que hiciera algún movimiento más, atrapé su labio inferior con mis dientes y tiré de él.
Joder, había querido hacer eso hace tanto tiempo.
Eso pareció encenderlo más porque profundizó el beso con su lengua y tomándome de la parte trasera de mi cabeza, empuñó mi cabello y yo sentí que me iba a desmayar en ese instante.
-Esteban. -Lo llamé casi sin poder respirar.
Se detuvo al instante, mirándome con una evidente preocupación.
-¿Hice algo mal?
-No, es sólo que preferiría que nuestra primera vez sea más lenta porque si seguimos así todo terminará en 5 minutos.
Se carcajeó echando su cabeza hacia atrás, me descubrí a mi misma sonriendo como una boba al ver desde abajo su manzana de adán.
-¿Crees que no tengo resistencia? -murmuró con la voz ronca, y una mirada abrasadora.
Tragué saliva con fuerza.
-Creo que debería ser un momento único, y preferiría que dure lo más que se pueda. Tu resistencia la pondremos a prueba otro día, cariño.
Sonrió sin apartar sus ojos de mis labios, me distrajo con lo que pudo ser un beso de 2 segundos, tal vez me lo imaginé.