Mi corazón se aceleró al verla otra vez.
Sus ojos marrones y sedosos.
Su cabello castaño hasta los hombros...se lo había cortado hasta los hombros y se veía igual de hermosa que antes o incluso más, la sentía más libre, menos atada a los problemas.
¿Tendrá algo que ver con el hecho de que ya no forme parte de su vida?
No pude hablar, mis labios estaban sellados por la resequedad que estos mismos causaban, pero no importó porque lo primero que quería hacer era tocarla una vez más, antes de que sea demasiado tarde. Tenía que asegurarme de que fuera real.
La yema de mis dedos dibujaron su mejilla, cerró los ojos con lentitud sintiendo mi toque, sonrió dulcemente. Acuné su rostro mientras enrollaba mis dedos en sus ahora diminutos cabellos.
-Nicole, eres tú. -Tragué saliva con dificultad. -Volviste.
-Sí, volví por ti.
Sus lágrimas se derramaron sobre mi bata de hospital, comencé a reírme de la emoción, una emoción que se mezclaba con resentimiento, melancolía, y confusión. Pestañeé para que las lágrimas dejaran de nublar mi vista.
-¿Por qué te fuiste, Nicole? -Mi voz se quebró en ese instante, sin piedad ni temor. -¿Por qué me dejaste tirado? Me hiciste basura. Te di todo lo que tenía, lo más valioso que tenía, te di mi tiempo.
Sollocé y me dio vergüenza, así que giré mi cabeza para ya no verla, unos segundos después sentí sus dedos deslizarse por mi mandíbula, la hubiera apartado, juro que lo hubiera hecho de no ser que estaba apunto de morirme.
No sabía cuánto había anhelado su tacto hasta que me tocó, me vio, me sintió.
-Te equivocas, Esteban. -Me obligó a verla. -Lo más valioso que tienes no es tu tiempo, sino tu amor. Perdoname por no haber sido mecedora de eso, pero he venido a arreglarlo, si es que tu me lo permites.
Me quedé callado. No quería que volviera a herirme.
Tomé su rostro y la junté con mi frente.
-¿Te irás otra vez?
-No.
-Si lo vuelves a hacer, yo no sé...
-No volverá a pasar, lo prometo. -Me acomodó el cabello.- Eres mi estrella, ¿recuerdas? Formas parte de mi universo.
Quise soltar un sollozo pero me dolía hasta la garganta por el simple hecho de respirar.
-No he dejado de pensar en ti estos tres meses, ni un solo día, hora o segundo. Siempre has estado allí. No he dejado de amarte si es lo que crees. -Confesó con el corazón en la boca.
-No creo eso. Tenías miedo. -Asintió con la cabeza- Al principio, estuve enojado contigo.
-Lo suponía.
-Pero mi amor por ti es más grande. -Sus ojos brillaron.- Traté de entenderlo, lo más que pude, hasta donde podía, pero no es fácil.
El silencio se extendió sobre nosotros y nos envolvió hasta asfixiarnos.
-Quiero besarte. -Me sacó de mis pensamientos. -¿Puedo?
-Nicole...
-Esteban, lo siento. Lo siento mucho, lamento haberte roto el corazón, ¿si? Estaba asustada. -Rompió a llorar y en sus ojos vislumbré otra vez el terror.
-Cómo esperas que reaccione si llegas aquí después de irte de mi vida, no sin antes decirme todas esas cosas hirientes sobre mí y nuestra relación. Eso se ha quedado grabado en mi mente. -Me limpié las lágrimas con el dorso de mi mano.- No puedo borrarlo de la noche a la mañana. Sé que estabas asustada, pero ponte en mi lugar también. ¡Te rogué que te quedaras! ¡Te rogué y me humillé por ti! Una vez más estaba rogando amor y no es justo. ¡Te di muchas soluciones y ninguna la tomaste! ¡Solo querías huir de mi, Nicole!
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Cielo de luces
RomansNicole es una chica demasiado ocupada y que no puede vivir como una joven debería hacerlo. Tiene que cuidar de su familia, y de sobre todo, su madre que padece Alzheimer. Ella sabe que su único lugar seguro es mirar las estrellas y perderse en ellas...
