NICOLE - Capítulo 9

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Luego de ir a trabajar, me fui a la clínica para ver a mi mamá. Era la tarde ya, entonces, tuve que ir súper rápido para no llegar tan tarde a mi casa después.

El atardecer se veía hermoso en el balcón de la habitación de mi madre, la luz del sol iba bajando poco a poco, y eso hacía que se viera aún más hermoso. Los pajaritos que estaban rondando por allí cantaban sin cesar, definitivamente, eso me alegró el día.

Me acerqué hacia donde estaba mi madre.

-Mamá, ¿Cómo te sientes?

-Bien, mejor.

Su tono de voz me dio a entender que estaba un poco confundida.

-Mamá, si sabes quién soy yo, ¿verdad?

Vaciló un poco antes de responderme.

-Sí, eres mi hija –me manifestó con una sonrisa.

La confusión que antes percibí en su voz respecto a quien yo era, desapareció y me sentí más tranquila.

-¿Cómo está Ana? –preguntó mi madre.

-Bien, ella está muy bien. Ya quiere verte.

-Tal vez, un día puedas traerla para verla.

-Sí, por supuesto que sí. Pronto.

Le conté como me estaba yendo en la escuela, acerca de mis amigas y todo el trabajo pendiente que teníamos que hacer. Ella parecía estar mejor, pero a veces su mente se iba a otro lugar, y era casi imposible que vuelva a donde estaba antes.

En la clínica, no solo se encargaban de darle los cuidados que yo no podía darle en casa, también la ayudaban a mejorar su memoria, tratando de que no empeore su enfermedad.

El Alzheimer era una enfermedad muy compleja y no tenía cura, pero al menos había un tratamiento que seguir para que ella mejore, y eso me dejaba más tranquila. Tenía esperanza de que ella mejoraría.

Se quedó dormida un rato después, y fui a pasear por la clínica. Sentí un cosquilleo en mí cuando me entró la idea de cruzarme con Esteban.

No, no, Nicole.

No pienses en él, no tienes tiempo para enamorarte.

La clínica era gigantesca y bastante refinada, cada vez que iba a pasear por los pasillos me quedaba impresionada por todo el ambiente.

Las enfermeras, doctores, y todo el personal parecían estar muy bien organizados, todos sabían cuál era su función allí. El lugar me hacía acordar que la clínica era muy cara, y que tenía una deuda; creo que sin ese préstamo que me había concedido el banco, no hubiera podido llevar a mi mamá a un mejor lugar para que sea atendida.

Absorta en mis pensamientos, me estrellé con Esteban, sin darme cuenta.

-¡Perdóname! –Exclamé- No me di cuenta. Lo siento.

El comenzó a reírse despreocupado.

-Está bien, no te preocupes.

-Estaba distraída –dije agachando mi cabeza.

-¿En qué estarás pensado? ¿Eh? –preguntó con una sonrisa en la cara.

Levanté mi mirada.

-Estaba pensando en lo grande que es esta clínica.

-Y eso que no has visto la mejor parte.

Alcé una ceja.

-Ven conmigo.

Esteban me guío por un pasillo que conducía a un ambiente más grande para luego doblar a la derecha. Yo lo seguía a un paso detrás de él, no sé por qué me coloqué ahí, supongo porque quería verlo de perfil, era un poco más alto que yo, así que tuve que subir mi cabeza para mirarlo mejor.

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