ESTEBAN - Capítulo 32

30 1 0
                                        

Arropé a Nicole lo mejor que pude pero no dejaba de moverse y moverse

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Arropé a Nicole lo mejor que pude pero no dejaba de moverse y moverse. Suspiré pesadamente, ella se reía, parecía divertirle el hecho que tratara de hacerla dormir y no pudiera lograr mi cometido. Se zafó de la manta y comenzó a correr por todo el cuarto, como una niña pequeña.

-Atrápame, Rapunzel. -Gritó agitando sus manos y poniendo una cara loca.

Me reí aunque estaba cansado, mis ojos se me cerraban por la falta de sueño, pero ver a Nicole con su brillante sonrisa me hacía feliz.

Cómo desearía vivir para poder ver esa sonrisa todos los días...

-¡Boom! -Una almohada cayó justo en mi cara e hizo que trastabillara un poco. -¡Ya despierta! ¡Atrápame!

-Es hora de dormir, Nicole.

Me acerqué sigilosamente hacia la cama, donde ella se encontraba detrás, usándolo como escudo humano. Corrí hacia ella, y sin pensarlo dos veces, saltó por la cama y llegó sin ninguna dificultad hacia el otro lado de la habitación. Se reía tontamente de todo. Comencé a toser debido a la agitación de tanto correr.

Se acercó, preocupada, y me tomó por los hombros.

-¿Estás bien?

La miré con mi pecho bajando y subiendo a toda prisa, asentí vagamente con mi cabeza y aproveché la oportunidad para atraparla entre mis brazos.

-¡Te tengo! -Grité, victorioso, mientras la sostenía.

-Justamente eso quería. -Me miró con intensidad y me robó un beso sin previo aviso.

Me distrajo con eso y se alejó de mí, nuevamente. Comenzó a hacerse un abanico con la mano, estaba sudando.

-Hace tanto calor...-Arrastró las palabras, ¡y se quitó la blusa!, dejándola solo en un bonito brasier, color blanco humo.

Mierda. Voltéate, Esteban.

Me giré sobre mí mismo, y le di la espalda, aun sostenía la cobija como si con eso fuera a protegerme de la mujer que tenía detrás de mí.

-Nicole ponte tu blusa. -Le ordené débilmente y titubeando como un idiota.

-Puedes verme.

Abrí los ojos, escandalizado.

-No creo que sea buena idea.

-Yo creo que sí.

-Pues, yo creo que no.

Hubo un silencio que hizo que creyera que ya se estaba vistiendo, pero no, seguía parada allí, mirándome como si esperara algo de mí. Me tapé la cara con toda la cobija, y escuché su risa detrás de esta.

-Esteban, está bien. -Sentí su voz más cerca. -Yo quiero esto.

-¿Eh? ¿Qué quieres e-exactamente?

Cielo de lucesDonde viven las historias. Descúbrelo ahora