—Entonces... —habla Matteo después de un rato de silencio—. ¿está todo bien entre nosotros?
—Todo bien. —confirmo.
Excepto el asunto que aún hay pendiente.
Ya te había extrañado, cabrona conciencia. Me lo había pasado de lujo mientras estabas calladita.
Sin el chico de ojos celestes no había drama, así que no tenía nada que opinar sobre tus aburridos días.
—Así que necesitabas un polvo de reconciliación para arreglarnos, ¿eh? —murmura en tono burlón—. Quién te viera, Émery Pervertida Johnson.
Sigue desplomado encima de mi cuerpo, luego de haber ido a limpiarnos después de terminar nuestro polvo de reconciliación —higiene ante todo—, y nos hemos mantenido en esta posición desde entonces. Una mano abraza mi cintura, la otra juguetea con uno de mis pechos. Las mías acarician su espalda con lentitud, cosa que siempre pasaba cuando acabábamos el sexo.
Me alegra ver que esas costumbres no se perdieron.
—El pervertido de esta relación eres tú. —murmuro, sintiendo mis mejillas arder—. No intercambies los papeles.
—¿Relación? —pregunta, y al bajar la mirada veo que me observa con las cejas fruncidas y una leve sonrisita—. ¿Eres mi novia otra vez?
—B-Bueno supongo, ¿no?
—Creí que tardarías más tiempo en acostumbrarte de nuevo a esa etiqueta.
—Mejor no veamos aquello como una ruptura, sino como... un tiempo. Un tiempo que debimos darnos en ese momento, y que ahora decidimos retomar.
—Mmm... —sonríe, complacido—. Estoy de acuerdo, novia mía.
—Excelente entonces, novio mío.
Se acerca un poco, aparentemente con la intención de besarme, pero al parecer recuerda algo muy importante porque se vuelve a alejar y hunde las cejas.
—Explícame qué diablos hacían esas dos ratas allí contigo.
Suelto un suspiro. Sabía que en cualquier momento sacaría el tema.
—Verás, es que... han pasado muchas cosas desde que me fui de aquí.
—Tenemos tiempo. —se acomoda con sus codos a cada lado de mis caderas y sus manos entrelazadas por debajo de su barbilla—. Te escucho. Desde el principio.
—Mmm... Desde el día que Jessica... eh... nos trajo la prueba, me estuve quedando en casa de Lucas. —siento cómo se tensa todo su cuerpo, y veo como aprieta la mandíbula—. No pasó nada con él, no te preocupes, solo quería irme a un sitio donde no se te ocurriera buscarme.
Suelta una risa irónica.
—Y vaya que funcionó.
—Después fui a casa de mis padres, y allí hablé con Sophia. —explico—. Ella me dijo que...
Y entonces comienzo a contarle todo lo sucedido en las últimas semanas. También le cuento que los perdoné, incluído a Dan, dato por el que no se encuentra muy satisfecho.
—Es que no se lo merecen. —continúa despotricando, súper insultado—. Eres demasiado... demasiado... —bufa—. Demasiado para ellos.
—Todo va a estar bien, Matteo. —vuelvo a decir—. Dios, eres igualito que papá.
—Si te vuelven a hacer algo, por mínimo que sea, se las verán conmigo. —asegura, echándose un poco más hacia adelante para enterrar su rostro en mis pechos e inhalar profundamente mi olor—. Y quiero al idiota de Daniel muy lejos de tí.
ESTÁS LEYENDO
Un Error que volvería a cometer
Dla nastolatków¿Qué pasaría si de la nada tuvieras que compartir tu nuevo departamento con alguien por un error de una empresa inmobiliaria? ¿Te lo has preguntado? ¿Y si ese "alguien" es un chico? ¿Qué harías? ¿Y si está guapísimo? ¿Y si está buenísimo? ¿Y si tien...
