ÉMERY P.O.V.
Una.
Una semana en el curso nuevo y ya siento que son dos siglos.
Juro que cuando escogí esta carrera, fue una decisión puramente procesada, pero no sabía que las clases serían tan largas y pesadas. Si antes en segundo año había una larga lista de asignaturas, ahora que estoy en tercero se duplicaron.
Jade está en mi misma situación.
—Oye, Jade. —le toco levemente un costado del estómago por debajo de la mesa—. Tonta, ya para.
—¿Qué? —pregunta, pero sigue dándose golpecitos en la frente contra la mesa.
—Detente, la señora Bárbara te está mirando. —comunico en voz baja.
Enseguida levanta la cabeza y le sonríe con pena a la profesora. Ella la fulmina con la mirada un momento más y se vuelve a girar hacia el pizarrón para seguir con sus apuntes relacionados a las técnicas de negociación.
Jade suelta un bufido en voz baja cuando ya no la mira.
—Tengo ganas de lanzarme por la ventana. —indica—. O de plano lanzar a Bárbara.
—Ya queda poco. —enciendo mi móvil, que reposa sobre la mesa, y miro la hora—. Quince minutos.
—Agh... —se queja—. Necesito una dosis de mi pelirrojo con urgencia.
—Exacto, porque te vas a morir si Nickolas McDassent no te mete la lengua hasta la garganta. —digo con burla.
—Mira quién habla. —me observa con picardía—. La que no se despegaba de su Romeo ni diez minutos del día.
Borro todo signo de burla y diversión para fulminarla con la mirada.
—Víbora. —musito entre dientes, antes de sacudir la cabeza—. ¿Aún no son pareja formal?
Niega moviendo un dedo hacia ambos lados, y agacha la cabeza un poco más. Yo hago lo mismo para tener más privacidad en caso de que Bárbara se de cuenta de nuestro diálogo.
—Salimos en ocasiones, nos besamos...
—...se acuestan cuando les da la gana...
—...pero aún no somos pareja formal. —suspira, ignorando por completo lo que dije—. Creo que esperamos un poco más para dar ese paso. O tal vez ya estamos listos pero ninguno de los dos se atreve a darlo.
—¿Tú quieres ser su novia? —le pregunto con cautela, tomando una de sus manos por debajo de la mesa y dándole un apretón.
Duda un segundo, pero al final asiente con la cabeza lentamente.
—Yo... Disfruto mucho de mi tiempo con él, ¿sabes? No quiero que acabe. Quiero que me siga besando y molestando siempre. Quiero poder seguir escuchando que me diga "Chispita" con una sonrisa y sus gemidos en mi oído cada ve...
—Ya vale, mucha información. —la detengo con rapidez, y veo como su sonrisa se agranda en señal de diversión. Adora molestarme—. Y ahora que lo dices, ¿por qué diablos te dice Chispita? Cada vez que quiero peguntártelo, lo olvido y vuelta a empezar.
—Oh. —desvía la mirada y la fija en ningún punto en específico—. Es una historia muy corta, la verdad. ¿Recuerdas que nos conocimos en Londres, y que esa misma noche tuvimos sexo? —asiento. Cómo olvidarlo—. Bueno, también estábamos algo pasados de copas. No recuerdo muy bien cuándo, pero hubo un momento en el que le dije mi apellido. Y de allí vino el Chispita. —sus mejillas se tornan de un leve rosado y sonríe de lado bobaliconamente—. Dijo que me llamaría así porque alumbraba todo a mi paso. Aunque me lo dijo solo esa noche, creo que él también debe recordarlo porque ha seguido llamándome así desde que nos vimos otra vez.
ESTÁS LEYENDO
Un Error que volvería a cometer
Teenfikce¿Qué pasaría si de la nada tuvieras que compartir tu nuevo departamento con alguien por un error de una empresa inmobiliaria? ¿Te lo has preguntado? ¿Y si ese "alguien" es un chico? ¿Qué harías? ¿Y si está guapísimo? ¿Y si está buenísimo? ¿Y si tien...
