—¡Hola! —saluda Jade a través de la videollamada.
Sonrío y le devuelvo el saludo, caminando hacia el salón y sentándome en el sofá más cercano con el móvil en la mano.
—Hola, ¿qué haces? ¿En dónde estás? —pregunto al ver una clase de espejos y sillones a través de la pantalla.
—Estoy en un spa cerca del centro. —responde, y en ese momento se sienta en uno de los sillones. Por los movimientos de la cámara, parece estar dando vueltas—. Jim también está aquí, ¿por qué no vienes?
—¿Jim está ahí? —frunzo el ceño.
—Sí, prácticamente tuve que arrastrarla de su cama, pero aquí está. —voltea su móvil a un lado y me muestra a la pelirroja, que está cruzada de brazos en la silla de al lado—. Mírala, está de mala leche.
—Nada nuevo. —respondo, divertida, cuando vuelve a ponerse delante de la cámara.
—Oye, te estoy oyendo. —masculla la voz de Jim, y contengo la risa.
—En fin, nos haremos un masaje, manicura, pedicura, tal vez un cambio de look...
—¡Yo no me voy a hacer un cambio de nada, Jade! —interviene Jimena otra vez, quejándose.
—...mascarillas hidratantes, y otras cosas. —Jade la ignora épicamente y sin inmutarse—. ¿Te vienes para acá o no?
Hago una mueca.
—Lo siento, tengo planes con Matteo. —contesto, apenada.
—Oh, no te preocupes, está bien.
Alzo una ceja.
—¿En serio?
—Sí, pero me deberás un día de spa, ¿de acuerdo? —se acerca a la cámara hasta que solo se ven sus ojos entrecerrados.
Suspiro. Ya sabía que había sido una reacción muy pacífica.
—De acuerdo...
—Y me dejarás disponer de tí tanto como se me antoje.
—¿Qué? No, no harás...
—Sí lo haré, y si te pones muy terca te inyecto un somnífero. —sonríe con inocencia.
—A veces eres tan creativa que no te aguanto...
—Sabes que sí lo haces. —me hace un guiño con coquetería—. Bueno, te dejo para que hagas lo que sea que harás con tu baboso novio y más tarde te paso fotos de lo que me haga, ¿te parece?
—Sí.
—Adiós, hablamos más tarde.
—Adiós, y por favor, no te tiñas el cabello de azul como tú preciada ídola Karol G, en serio.
Suelta una sonora carcajada.
—Lo intentaré. —cuelga la videollamada.
Suelto otro suspiro y me desinflo como un globo sobre el sofá.
Hoy es dieciséis de julio, el cuarto mesaversario de Matteo y yo. Normalmente lo celebramos saliendo a cenar a algún restaurante cercano de aquí, algo sencillo y rápido, pero hoy al despertarme Matteo estaba por salir y dijo que regresaba en un rato y que lo esperara.
De eso ya pasaron tres horas.
Me levanto del sofá y voy a la cocina a por la comida de Anacleto, aburrida y sin nada más qué hacer. Agarro uno de los paquetes que Matteo compró hace tiempo y que todavía quedan probablemente para lo que queda de año.
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Un Error que volvería a cometer
Teen Fiction¿Qué pasaría si de la nada tuvieras que compartir tu nuevo departamento con alguien por un error de una empresa inmobiliaria? ¿Te lo has preguntado? ¿Y si ese "alguien" es un chico? ¿Qué harías? ¿Y si está guapísimo? ¿Y si está buenísimo? ¿Y si tien...
