ÉMERY P.O.V
Emilia logró interceptarme e hizo que le contara todo lo que me pasa. Sabía que la estrategia de fingir estar dormida no me ayudaría a evadirla por mucho tiempo, así que ayer en la noche sin falta tuve que decirle absolutamente todo. No me sorprendió que se mostrara seria y comprensiva, pues detrás de toda esa fachada de chica alocada y despreocupada que vive su vida a lo más, está una mujer que sabe escuchar y dar muy buenos consejos.
No niego que me sentí más tranquila de desahogarme con alguien.
Hoy, ya es 26 de agosto, y estoy alistándome para la cena en casa de los Murray. Ahora que Sophia y yo arreglamos nuestras diferencias, me siento un poco más tranquila porque no voy a estar tensa todo el rato, o eso espero. Por otro lado, estoy ansiosa de ver de nuevo al señor Octavio, el padre de Sophia. Al igual que su esposa, siempre fue muy cariñoso conmigo y me trató como de la familia. Lo veía como un tío o algún pariente cercano.
También he hablado mucho con Jade, Zack y Jimena estos días. Me enteré de que mi amiga y Nick se están dando una oportunidad y están saliendo. Por otro lado, Jimena viajó a Irlanda con su familia y allá conoció un chico con el que tiene indistintos rollos cada que se le antoja. Y Zack, pues... sigue siendo Zack, con todo y sus locuras. Aunque sigue estando en Italia, por lo que no está al tanto de mis problemas actuales, pero sí que tiene noción de mi ruptura con Matteo. No hizo preguntas respecto a ello, pero se notaba que estaba preocupado.
Regreso de mis pensamientos en cuanto noto el rayón rojo del labial que hice en la comisura de mi labio al salirme del borde por estar tan distraída.
Maldigo en voz baja y tomo una pequeña esponja, la unto con el líquido desmaquillante y la paso por el sitio para quitar el rastro de labial mal puesto. Luego de no dejar ninguna marca, tomo nuevamente el labial y termino de colocarlo correctamente. Después aplico rímel en mis pestañas y rubor en mis cachetes y me pongo de pie, alejándome de la cómoda de mi habitación.
Me dirijo a mi armario y me coloco unas sandalias plateadas de tacón bajo, luego aliso unas leves arrugas de mi vestido color crema, el cual es recatado y sin escote, de cuello alto y sin mangas, ligeramente ajustado y me llega unos seis dedos por encima de mis rodillas. Por último, arreglo mi cabello suelto frente al espejo una última vez y agarro mi crossbody de la cama antes de salir de la habitación.
Me despido de mis padres y, luego de reiterarles una centésima vez más que estaré bien en casa de los Murray, que no habrá problemas, salgo de la casa. Aún no les he dicho que perdoné a Sophia y que estamos tratando de ser amigas otra vez. No tomo ningún taxi, como siempre, y como aún tengo tiempo, camino con calma hacia mi destino.
Como es costumbre, la sensación de que tengo millones de miradas pegadas encima, no me abandona.
{•••}
—¡Llegaste! —exclama Sophia en cuanto abre la puerta.
Me da un rápido abrazo y le correspondo.
—Ven, entra. —se hace a un lado en el umbral y me permite el paso—. Papá está muy contento de que hayas vuelto.
Sonrío de lado, asintiendo, y cruzo por su lado para dirigirme al comedor por el camino que me sé de memoria, mientras veo a mi paso que mi teoría de hace unos días sobre el constante cambio de la decoración era totalmente cierta, pues el interior de la casa está muy diferente de la última vez que la visité.
Después de saludar a Aynara —que me sonríe feliz de verme allí como me lo había pedido—, al señor Octavio a quien le doy un cálido abrazo —y también lo felicito por un exitoso año más de su empresa—, me dirijo hacia los demás invitados de los Murray y los saludo con un simple asentimiento de cabeza —son unas dos parejas de la misma edad de mis padres probablemente, las cuales se me hacen ligeramente familiares, que me miraron un poco raro pero nada preocupante ni mucho menos sorprendente, pues son del pueblo, y como dije, aquí todos se conocen, y seguro que saben a la perfección quién soy—. Seguido de ello, nos sentamos a la mesa ya servida con los platillos preparados por Aynara —entre ellos su apetecible cerdo asado— y comenzamos a cenar. La velada transcurre con tranquilidad, entre conversaciones triviales, pláticas amenas y alguna que otra pregunta dirigida hacia mí por parte de Sophia y sus padres, interesados en mi vida en Nueva York hasta ahora.
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Un Error que volvería a cometer
Novela Juvenil¿Qué pasaría si de la nada tuvieras que compartir tu nuevo departamento con alguien por un error de una empresa inmobiliaria? ¿Te lo has preguntado? ¿Y si ese "alguien" es un chico? ¿Qué harías? ¿Y si está guapísimo? ¿Y si está buenísimo? ¿Y si tien...
