MATTEO P.O.V.
Al sentir movimiento a mi lado, volteo el rostro y observo con estupefacción el cuerpo desnudo de Jessica a mi lado. Regreso mi mirada a la de Émery, y maldigo en mi interior al ver sus ojos llenos de lágrimas. Sin dejar de mirarme, niega con la cabeza y sale como una flecha de la habitación.
Me apresuro a incorporarme, pero al poner mis pies sobre el suelo, me atraviesa un fuerte dolor en las sienes por segunda vez. Masajeo mi cabeza, y me dirijo al armario de mi habitación para sacar ropa que ponerme, porque estoy desnudo.
Ya completamente vestido, me tomo unos minutos para procesar lo que está ocurriendo.
Veamos...
Punto número uno; Jessica está desnuda en mi cama.
Punto número dos; yo no recuerdo haberme acostado con ella.
Punto número tres; lo último que viene a mi mente, es que fui a la cocina a por un café y unas pastillas para el malestar que sentía mi cuerpo. Ni siquiera recuerdo haber ingerido ninguno de los dos. De ahí en adelante, todo es confuso, como pequeños flashbacks. Minúsculas piezas de un puzzle que yo no puedo descifrar por más que lo intente.
Punto número cuatro; jamás engañaría a mi novia. Se necesita ser muy cabrón para hacerlo, y, modestia aparte, yo no lo soy.
Punto número cinco; podría aclarar todo esto si supiera qué pasó anoche con exactitud. Pero no puedo recordar con claridad absolutamente nada que me pueda ayudar a aclarar esta situación. Y eso es un detalle en mi contra si quiero explicarle a mi enana la sarta de cosas que debe estar creyendo.
Por un lado, mi corazón está seguro de nunca traicionaría a Émery. Por el otro, mi cabeza se empeña en distorsionar los recuerdos de anoche, poniendo en duda lo que quiero que sea y lo que debería ser.
Maldita sea. ¿Qué mierda pasó anoche? Sé que no estaba ebrio, así que, ¿a qué carajos se debe esta clase de amnesia?
Decido ir a despertar a Jessica, porque ella debe de saber qué pasó anoche exactamente. Llego a la orilla de la cama y muevo su brazo sin mucho cuidado. Ella se levanta enseguida y frunce el ceño al abrir los ojos y verme ahí parado a su lado, pero después el gesto es reemplazado por una estúpida sonrisa que no tengo intenciones de corresponder.
—Buenos días, Matt...
—¿Qué putas pasó anoche, Jessica? —digo sin rodeos, sin un ápice de amabilidad.
En otro momento, fuera mínimamente educado al menos, por respeto a nuestra antigua amistad; ahora mismo me es literalmente imposible de solo imaginar que pude haberme acostado con ella. Siento asco de mí mismo de sólo imaginar tal posibilidad, pero obligo a mi mente a despejar esa teoría lo más lejos posible.
—¿En serio no te acuerdas? —alza una ceja y se pone de pie sin importarle su desnudez. Cruza sus brazos sobre su pecho, realzando sus senos. Inmediatamente me volteo; no me interesa verla desnuda.
—No.
—¿Cuántos calmantes tomaste, exactamente? —inquiere, y frunzo el ceño a más no poder.
—¿De qué hablas?
—Tenías mucho dolor de cabeza y náuseas. —explica—. Así que te tomaste un par de calmantes con el café para aliviarte. Si tomas más de tres, lo más probable es que tengas lagunas mentales como efecto secundario del mismo analgésico. Con más si es una dosis fuerte, y si lo juntas con alcohol y cafeína.
ESTÁS LEYENDO
Un Error que volvería a cometer
Подростковая литература¿Qué pasaría si de la nada tuvieras que compartir tu nuevo departamento con alguien por un error de una empresa inmobiliaria? ¿Te lo has preguntado? ¿Y si ese "alguien" es un chico? ¿Qué harías? ¿Y si está guapísimo? ¿Y si está buenísimo? ¿Y si tien...
