"Extra°1 - Transcurso del embarazo"

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ÉMERY

*cinco/siete semanas de embarazo*

La semilla que llevo en el estómago no ha parado de hacerse notar. Las últimas semanas he tenido una importante y elevada cantidad de náuseas y mareos que incluso he pasado días sin levantarme de la cama. Mi jefe se compadeció de mí y me dió esta semana de descanso, y mi única compañía es un cubo al lado del colchón por mis constantes vómitos, ya que Matteo está ocupado con la apertura de su galería.

Se la pasa teniendo reuniones con posibles trabajadores y proveedores que puedan favorecer su galería, y desde mi punto de vista le está yendo bastante bien pues para haber abierto hace poco más de un mes, ya ha tenido múltiples exposiciones que hacen que su éxito y reconocimiento en el mundo artístico vaya en aumento.

—Regresé. —escucho su voz a la vez que el portazo de la puerta.

Siento sus pasos cada vez más cerca, hasta que se detienen y una sombra asoma por el filo de debajo de la puerta, justo antes de ser abierta, haciendo que la oscura habitación se ilumine con la luz del exterior.

Matteo se acerca a la cama, y se inclina sobre mí para darme un beso en la frente. Oigo los pasitos alegres de Dax, nuestro perro, revoloteando a su alrededor, super contento de tenerlo de vuelta en la casa, y mi novio lo saluda brevemente.

—Abre los ojos. —dice en mi oreja—. Sé que estás despierta.

Le hago caso y despego mis párpados, topándome con sus ojos celestes muy cerca de los míos.

—¿Qué haces ahí metida? —cuestiona, haciéndose un hueco a mi lado en el colchón.

Son poco más de las nueve de la noche, pero ya hace rato que me entró el sueño y llevo pegada a estas mantas desde hace horas. Ni siquiera tenía apetito para cenar, así que me dí un baño y directamente me metí en la cama. Tenía un leve mareo, nada grave en comparación con otros que he tenido, pero aún así me envolví en las cobijas hasta la barbilla sin ánimos de querer pararme a hacer absolutamente nada, de modo que parezco un sushi aquí envuelta.

—Mareos. —justifico, sonriéndole al alargar una mano y acunar su mejilla.

Ladea su cara y se recuesta de mi mano.

—¿Cómo te fue hoy?

—Bastante bien. —contesta, con los ojos brillando emocionados—. Unos extranjeros están muy interesados en colaborar conmigo. Dicen que ven mucho potencial en la galería, y nos reuniremos en los próximos días.

—Qué buena noticia.

—¿Cenaste? —me pregunta, y niego con la cabeza. De inmediato me mira mal y me regaña—: Debes alimentarte. Ahora comes por dos, recuérdalo.

Hago un mohín.

—No quiero...

—Te traeré algo. —me da un beso en la palma de la mano y se vuelve a poner de pie—. ¿Quieres alguna cosa en específico?

Suspiro resignada, saliendo de debajo de las mantas y sentándome en la cama en pose de indio.

—No sé. Preparé sopa para la cena, pero no me apetece, la verdad.

—Mmm... ¿Un sándwich? ¿Fruta? ¿Tortitas? —niego a cada cosa que dice—. ¿Milanesas, tal vez?

Vuelvo a negar, esta vez pensativa porque hablar de comida ya me está regresando el hambre.

—Creo que se me antoja algo frío.

Asiente y se dirige a la puerta.

—Te haré un batido muy rico y saludable que te encantará, ya verás.

Un Error que volvería a cometerHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora