MATTEO P.O.V
Habían pasado dos días desde que escuché a Jessica hablar por teléfono en su habitación. Y en ese corto tiempo descubrí algo muy importante:
Eso de creerme detective no es lo mío.
Jessica había estado actuando como siempre. No tuvo más ninguna llamada extraña. No salía del departamento. Nada raro, ni fuera de lo común. Entonces, me rendí rápido.
—Tal vez lo único que quería era encontrar una excusa para terminar con todo esto. —susurro a la nada, tumbado sobre mi espalda en la cama.
Regresé hace casi media hora de dejar a Jessica en la empresa de sus padres. Y aunque con su excelente currículum y su increíble fama como una de las mejores de su curso —recién graduada con honores de Empresariales en la universidad de Ecuador—, podría trabajar donde se le plazca, eligió obtener un puesto, totalmente gratuito, en la empresa de sus padres.
Típico de niños ricos.
Me pongo de pie en cuanto oigo sonar el timbre del departamento. Al abrir la puerta, veo el rostro del pesado que tengo como mejor amigo.
—¡Hey, tonto! —saluda y me pasa por el lado—. ¿Qué haces?
—Contar las vacas del techo. —murmuro, cerrando la puerta y siguiéndolo.
—¿Tienes vacas en el techo?
—Muchas, una gran cantidad, tan grande como tu idiotez, ¿quieres llevarte una?
—Si no es moles...
—¿Qué haces aquí?
—Uy, qué humor. —murmura con diversión, dejándose caer en el enorme sofá del salón—. Quería conocer tu nuevo piso, y de paso alegrar tu aburrido día con mi presencia.
Alzo una ceja, sentándome en uno de los pufs color rojo.
—Te mandé la dirección del departamento hace semanas, ¿y hasta ahora te apareces? ¿Qué clase de mejor amigo eres?
—La clase de mejor amigo que estaba ocupado. Pero hice un espacio en mi agenda para ti.
—¿Ocupado? —pregunto, sonriendo con burla—. ¿Tú? Pero si tienes criadas que te lo hacen todo, pelirrojo, ¿con qué podrías haber estado ocupado tú?
—Llenando un hoyo. —simplifica, sonriendo con sorna.
Entrecierro los ojos y me le quedo viendo extraño por unos segundos, hasta que recuerdo el pequeñísimo detalle:
—Cierto, que estás con la víbora.
—Jade. —corrige—. Se llama Jade, y no estamos juntos, y no le digas víbora.
—Tenemos nuestro propio chiste interno. Bueno, teníamos. Ella me decía caracol.
—¿Caracol, por qué?
—Según ella, por baboso. —me encojo de hombros con una corta sonrisa—. Pero yo le decía víbora, y estábamos a mano. Así que, para mí, seguirá siendo una víbora.
Nick suelta una risa.
—Al menos yo tengo novia.
Lo fulmino con la mirada.
—No tiene gracia que utilices mis propias palabras contra mí, McDassent.
—Haz limones con la limonada que te da la vida. —canturrea.
ESTÁS LEYENDO
Un Error que volvería a cometer
Teen Fiction¿Qué pasaría si de la nada tuvieras que compartir tu nuevo departamento con alguien por un error de una empresa inmobiliaria? ¿Te lo has preguntado? ¿Y si ese "alguien" es un chico? ¿Qué harías? ¿Y si está guapísimo? ¿Y si está buenísimo? ¿Y si tien...
