"Capítulo 41"

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ÉMERY P.O.V

Camino por el pasillo con el pasaporte y mi móvil en mano, mis gafas en la otra y un nudo en la garganta que se me hace imposible de ignorar. Lo único que quiero hacer es lanzarme sobre una cama y llorar hasta que se terminen mis lágrimas.

No me giro en ningún momento. Su rostro suplicante y de dolor ya fue demasiado para mí hace un momento, tanto, que me sorprendo de no haber cedido cuando pronunció el "No te vayas". Si me volteo ahora, lo que sea que vea, será el detonante para que me quede y arruine mis planes, y no merecemos tal cosa.

La melodía de mi móvil me saca de mis cavilaciones, anunciándome una llamada entrante, y me apresuro a elevarlo frente a mí.

Es Lucas. Descuelgo, aún caminando.

—Lucas.

—¿Se puede saber qué haces que llevas más de veinte minutos ahí metida? ¿Ya vienes o tengo que subir a traerte de las trenzas?

Todo una dulzura.

—Sí, perdón por la demora.

—Apresúrate. —me agita.

Ruedo los ojos.

—Ya voy bajando...

—Como te demores más de cinco minutos te vas sola al aeropuerto.

—¡No, como me dejes aquí tirada te poncho las llantas del coche!

Me cuelga. El muy desgraciado.

Suspiro, y justo llego a la puerta principal. Solo entonces me permito voltear. Desde aquí solamente puedo ver parte del salón y la barra de la cocina, pero es suficiente para que me pegue de golpe el sentimiento de nostalgia.

Seis meses aquí y no creí que pudiera encariñarme tanto con un simple departamento, pero que aguarda muchos de mis recuerdos más importantes.

No me sigo torturando, y me volteo hacia la puerta nuevamente antes de que regrese corriendo. Tomo el picaporte en mi mano, y abro.

Entreabro los labios con sorpresa al ver a la persona que está allí detrás con la mano suspendida en un puño en el aire, a punto de tocar seguramente.

Claudia me sonríe, pero el gesto se desvanece tan pronto como apareció al detallar mis facciones para nada felices.

—Él está dentro. —murmuro yo, al verla abrir la boca—. Necesita alguien con quien hablar, no tardará en derrumbarse.

Le sonrío débilmente y, sin dejarla decir nada, paso por su lado con rapidez. Me meto en el ascensor, oprimo el botón número uno, y espero unos minutos antes de que me deje en el piso correspondiente.

Salgo como un rayo de allí y me dirijo al estacionamiento, directamente voy hasta el coche del idiota que me trajo y que me llevará al aeropuerto, pero que por poco me deja botada porque al llegar donde él ya el coche está en marcha.

—Creí que bromeabas con eso de dejarme aquí, sanguijuela del mal. —le doy un leve manotazo a Lucas cuando me coloco en el asiento del pasajero.

Paso el cinturón de seguridad por mi cuerpo, mientras él arranca rápidamente y a la vez suelta una carcajada por mi comentario.

—Cada día más creativa con los apodos. Y no, no bromeaba.

Le hago una mueca.

Suelta una pequeña y corta risa.

—¿Por qué demoraste tanto? —pregunta con curiosidad—. ¿Tu Romeo estaba despierto?

Me tenso un poco.

Un Error que volvería a cometerDonde viven las historias. Descúbrelo ahora