"Epílogo №2"

502 15 8
                                        

MATTEO

Después de que Romualdo termina la reunión, todos nos retiramos, excepto yo, porque él me llama antes de que pueda hacerlo, y hace que me detenga antes de dirigirme a la puerta.

—Sobre lo que me dijiste hace unos días... —hace una pausa, inquisitivo—. Ya encontré un pequeño edificio disponible para por si estás interesado, pero, ¿estás completamente seguro de que quieres hacer esto?

Asiento.

—Estoy muy seguro de ello. —digo con convicción—. Estos años con ustedes han sido magníficos, pero ya siento que es hora de inciar un rumbo por mi propio pie.

—Construir una galería por tí solo será difícil...

—Tomaré el riesgo. —sonrío con diversión—. Hay dos posibilidades; o me hundo en la quiebra antes de siquiera haber llegado al mes, o me va de puta madre y mi agencia se vuelve más exitosa que la tuya.

Romualdo suelta una larga carcajada.

—Sigue soñando, discepolo. —me palmea el hombro con cariño—. De cualquier forma, tu socio siempre estará disponible por si estás en problemas. Tienes potencial, muchacho, y será complicado, pero, sin importar el tiempo que lleve, llegarás lejos. Estoy seguro de ello.

—Oh, ya te estás poniendo sentimental de lo mucho que extrañarás darme órdenes.

—No eres mi empleado, pero seguiré siendo tu superior, recuérdalo, socio.

—Por supuesto que sí, socio.

—Y, si algún día la carga de la jefatura es demasiado pesada, no dudes en regresar. —sonríe con burla—. Te tendré reservado un puesto como limpiavidrios.

Nos reímos a carcajada pura y limpia, y entonces me relata los detalles del edificio que ha encontrado. Me da la dirección, y le aseguro que me pasaré por allá en los próximos días antes de marcharme de allí e ir hasta mi coche, en el estacionamiento.

Hace semanas que estaba dándole vueltas una y otra vez al mismo tema; formar mi propio negocio. Emerger solo hacia el mundo que quiero que me conozca por mi talento. Ser mi propio jefe.

No es que no me sienta cómodo en Arte&Cize. Al contrario, todos son supermajos y me caen muy bien, y tenemos una relación laboral de confianza de mucho tiempo, especialmente con Romualdo, pero he comenzado a notar últimamente con mayor frecuencia esa espinilla de adrenalina que nunca me abandona, cada vez más punzante. Esa que me dice que debo aspirar más alto.

Llevo asociado a esta agencia desde que tengo diecisiete. Recuerdo que, un día cualquiera, salía del instituto y ví en el vidrio de una tienda un folleto de promoción de la galería. Atraído por mi curiosidad, fui hacia allí esa misma tarde. Y lo que empezó como una curiosidad, acabó siendo una costumbre. Iba muy seguido, y me pasaba horas admirando los cuadros que estaban en venta, y que no.

Se podía decir que era un cliente bastante habitual.

Pocas veces en mis diecisiete años había ido a alguna galeria, solo unas escasas que mamá me había llevado con anterioridad al notar mi pasión por el arte. Luego, cuando mi padre le prohibió a mamá que me llevara de nuevo a alguna exposición, no fui nunca más, así que sí, estaba alucinado. Por ese entonces aún seguía amando el arte, claro, pero no estaba seguro de que eso era lo que quería estudiar. A mí yo de diecisiete años, le parecía una completa estupidez desafiar el poder de mi padre sobre mí, así que dudaba mucho con respecto a qué hacer a la hora de elegir el camino a tomar para mi futuro.

Un Error que volvería a cometerDonde viven las historias. Descúbrelo ahora